Los nikis – Me confunden con un hipster

Una de las noticias del año, para cierta parte de la población al menos, es la vuelta al estudio de Los Nikis. De manera fugaz, sin pretensión de protagonizar un retorno definitivo, al menos así se presenta en la web de Sonido muchacho, el sello que edita estas cuatro canciones, los madrileños entregan cuatro canciones marca de la casa, que llenarán las pistas de moda con centenares de adolescentes borrachos y drogados.

Sería un error intentar decir algo de la música de Los Nikis a estas alturas. En estas canciones encontramos lo que esperamos: filosofía de banco del parque envuelta en un muro guitarrero y ramoniano. ¿Quién da más?

 

The bedrooms – Passive viewing

Hace unos días se publicaba este disco, primero en formato físico del cuarteto de Portland The bedrooms, editado en Domestic departure. El disco, titulado “Passive viewing”, es un carrusel de cancionacas de post-punk tan lejos o tan cerca del 2020 como de 1988. No había tenido esta sensación tras escuchar un disco desde mis primeras escuchas de Veronica falls o Warpaint: ritmos cortantes, guitarras saltando entre el brillo y la oscuridad y agrediendo como navajas y una voz que asciende desde algún aquelarre de las cavernas.

Posiblemente el “Boy” de 2020.

 

The damned – Eloise

(Foto.- PunkyGibbon)

Siempre gusta escarbar por la historia de las grandes canciones que todos hemos conocido y disfrutado a lo largo de nuestra vida. Hoy quiero fijarme en ésta.

Partiendo obviamente de la versión de Tino Casal, que es la que seguramente más tenemos en mente, nos vamos hacia atrás y llegamos a esta de The Damned, publicada en 1986 en diversos formatos y con distintas caras B. Esta versión de The Damned llegó a ser número 3 en UK, aunque solo se publicó como single, sin llegar a incluirse en ninguno de los álbumes de la banda.

Pero esta no es la versión original. Ésta es de Barry Ryan, escrita por su hermano Paul, y data nada menos que de 1968. Fue número 2 en UK y un grandísimo éxito en multitud de países.

La canción ha tenido muchísimas versiones de muy variados artistas; podéis planificar una estupenda tarde buscando y repasando todas ellas.

 

Destroyer – Have we met

El principio de 2020 empezó de manera arrasadora en cuanto a discazos se refiere. Así que si ayer presentábamos el primer candidato a mejor disco de 2020, hoy ya presentamos el segundo.

La discografía de Dan Bejar bajo el nombre de Destroyer es ya considerable. Y viendo lo que se venía, por las nuevas canciones que fue presentando al final del 2019, su último trabajo no iba a ser de los que bajaran la media de calidad.

Un disco que, desde la portada, y pasando por todas y cada una de las canciones, parece estar recitando una lista de grandes caballeros de la historia del pop, con los que la banda se va encontrando. Encontramos indicios de alguno de ellos en cada canción: Nick Cave en “Crimson tide”, Mark Eitzel en “Kinda dark”, Jarvis Cocker en “It just doesn’t happen”, Brett Anderson en “The television music supervisor”, David Bowie en “Cue synthesizer”, Wayne Coyne en “University hill”, Brian Ferry en “The man in Black’s blues”, Jonathan Donahue en “foolssong”…

Un disco que eleva el nivel de una trayectoria ya de por sí llena de grandes trabajos, y que aporta dos o tres clásicos que saldrán en las listas de este 2020.

 

Torres – Silver tongue

El disco más madrugador de este 2020, apenas presentado con un par de canciones las últimas semanas del año pasado y una canción brutal hace 15 días (aunque algunas de las canciones pudieron escucharse ya en algunas actuaciones a principios de 2019). Y directamente se va a la lista de los mejores del año; no hace falta escuchar muchos más.

Aunque podríamos decir que la música de Torres (Mackenzie Scott es su nombre) viene directamente de Björk y de PJ Harvey (sobre todo de ésta), lo cierto es que con “Silver tongue” las ha dejado definitivamente atrás. Su desesperante juventud (aún no pasa de los 30 años) hace más asombroso aún el hecho de prescindir de un productor como Rob Ellis (cuyo trabajo con la Harvey está sin duda detrás de toda la trayectoria de la neoyorquina) para pasar a producir sus propias canciones. Se ve que no solo sabe lo que quiere, sino que sabe cómo conseguirlo, tras 4 discos en 4 sellos distintos.

Empieza con la emocionante percusión de “Good scare”, te lleva de manera delicada hasta la explosión de “Dressing America”, en la que hace lo que quiere con su voz para transmitir toda la emoción del mundo, te apacigua con un par de salmos hasta dispararse con la roquera “Good grief” (sueño con una versión de Placebo de esta canción), y nos emociona con dos o tres susurros más llenos de hipnotismo. Transmite emoción con cada palabra y con cada giro, te deja acurrucarte, le correspondes y te da más. Send her love to me.

 

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