Más vale tarde…

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Aunque me cueste admitirlo, con frecuencia llego tarde. Es uno más de los múltiples defectos con los que, cuando me haga mayor, tendré que aprender a convivir. No la es falta de puntualidad mi verdadero problema, pues ese tendría fácil arreglo; es, más bien, la falta de oportunidad, aquello de no hacer las cosas cuando hay que hacerlas, cuando surten su mejor efecto. Aun así sigo pensando que aún tarde o a destiempo siempre es mejor reaccionar, siempre es mejor no dejar pasar para siempre el descanso de decir gracias, de abrazar, de pedir perdón… A veces hacerlo tendrá más o menos trascendencia para el que recibe el gesto, a veces, por llegar tarde, parecerá forzado, pero al menos, descansará mi conciencia, me permitirá quedarme con menos remordimientos que si para siempre fuese acumulando las cosas que nunca dije, los abrazos que nunca di o las lágrimas que nunca lloré. Así, ya sólo acumularé el pesar de no haberlo hecho cuando debía.

Hoy, de camino hacia el trabajo, enredada en pensar si podría ser hoy el día en el que encontrase el momento, mientras organizaba mentalmente las horas del día, la tarea en la oficina, el poco tiempo que hoy les tocará a los niños y a él, la compra, la cena y la ropa por colocar, me propuse firmemente dedicar unos minutos a saldar una pequeña pero importante deuda. Tenía que decirle gracias a Belén, a la compañera de sombra esbelta, inquieta y cambiante, a esa que con frecuencia regala su hermosa voz y generosa sonrisa, por haber pensado en que quizás yo, ya que me gusta la música, podría disfrutar de la entrada que ella no podía utilizar para el concierto de “Voces Femeninas”.

He disfrutado, Belén. Me ha gustado, como siempre me gusta, descubrir nuevos mundos musicales, explorar el viaje folk por un sendero amable de Islandia a través la voz de Òlöf Arnalds y recorrer después el mundo entero, desde una tribu africana hasta las raíces del jazz o del rhythm & blues, pasando un rato por una sofisticada sala con música electro-punk, en algún lugar de Nueva York o de Londres. Ese onírico paseo lo pude hacer desde una butaca (con ganas en muchos momentos de hacerlo de pie) observando sorprendida a las tUnE-yArDs. Siempre viajar y descubrir nuevos sonidos es para mí agradable, si además ocurre así, por sorpresa, porque una buena compañera simplemente ha pensado en que quizás yo podría disfrutarlo, entonces es aún más maravilloso.

Así que gracias Belén y felicidades!… tú ya sabes por qué

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Apenino – Viravolta

viravolta

Pues mira por donde, llegados los fríos y las lluvias que avanzan el final del año, nos llega un maravilloso regalo de uno de nuestros artistas favoritos (y, por suerte, amigo). Marco Apenino ha completado por fin la creación de su nuevo disco, el sexto ya, en el que sigue demostrando su capacidad de acariciarnos y de acunarnos con sus pensamientos, sus rimas y sus declaraciones de amor.

Porque “Viravolta” es una declaración de amor. Incluso en su canción “protesta”, “La estafa social”, Marco parece amar (y por tanto decepcionarse con él) al estafador genérico al que abronca. La maravillosamente delicada “Conversa ultramarina”, llena de nostalgia y de un hermoso echar de menos; la saltarina “Mirada atlántica” o cómo disfrutar de tu compañía, amada mía; el estribillo de “Esforzo infinito”… Todo parece dedicado al valiente acto de declarar su amor, por alguien en concreto o por todos nosotros en general.

Es justo también reconocer a los que acompañan a Marco en esta viravolta: Eva e Iván de Linda Guilala, acompañantes de Apenino en directo y artífices del sonido del disco; Mónica Vacas, voz en algunas canciones y coprotagonista de la magnífica versión de “La leyenda del tiempo”; Arturo Vaquero, en la mezcla y masterización y en la grabación de bajos; Guillermo Arias, en el diseño. Y María, Elisa y Diego, que seguro que algo hicieron…

Nosotros también te queremos, Marco.

Linda Guilala – Lo siento mucho

a1259182062_2No está siendo un buen año para el pop indie español. No hay grandes grupos, no hay grandes nombres, no hay grandes discos, no hay renovación generacional… Pero de vez en cuando sale algún trallazo que te alegra las orejas y te hace pensar que no todo está perdido.

El último: “Lo siento mucho” de Linda Guilala. Un trallazo en toda regla. Un obús dirigido directamente al centro de nuestro cerebro. Un disparo certero y contundente. La mejor canción española del año.

Recuerdo aquel “Si está bien” de Los Planetas. Prácticamente son dos frases, pero tan directas y explosivas que, aún hoy, casi 20 años después de escucharlas por primera vez, aún me hacen llorar. Y aquí llegan los vigueses, y nos lanzan: “Lo siento mucho, no te quiero engañar, no va a pasar, va a dolerte siempre”. Y joder, explota la bomba atómica en nuestro cerebro. No llega a viente palabras, pero ¡cuantas historias cuentan esas veinte palabras! ¡Cuántas veces hemos sentido exactamente lo mismo! Todo ello envuelto en un hongo nuclear de ruido y distorsión, noise clásico y reconocible, guitarrazos y bases de teclado, ritmos pesados y aplastantes, y esa voz que te dice algo tan terrible con un susurro tan dulce…

Tenéis razón, chicos: va a dolerme siempre.

When Nalda became punk – Indiepop or whatever

a2896516719_2Pocas veces se cuela un single en nuestra lista de discos del año, pero la ocasión lo merece. Porque ya antes de que nos llegara en formato físico, a través de los avances en su Bandcamp, ya íbamos viendo que el trabajo de 2014 de When Nalda became punk iba a ser especial.

Que When Nalda became punk son favoritos del Octopus desde sus inicios no es ningún secreto. Y ahora han redondeado su formato, confirmando el trío como su formación más resultona. Los nuevos elementos endulzan y amateurizan (aún más si cabe) la propuesta musical del grupo, a la vez que dejan más libertad a la parte rítmica para sonar mejor y más compactos. En directo y en estudio. Y si además se arropan con un músico como Bruno Múrmura para las funciones de producción, miel sobre hojuelas.

El disco, editado por Shelflife como su debut en largo, “A farewell to youth”, comienza con un trallazo twee pop con uno de los mejores estribillos que he oído nunca: “Song for Carrie Mathison”. Nalda son como la Coca cola: no ofrece nada nuevo pero joder qué rica está y qué bien te sienta. Y cuando además, como digo, aciertan con un estribillo que se te cuela en las neuronas, pues poco más hay que decir. El resto de las canciones siguen las pautas del género, y han mejorado además en cuanto a brillo y sonoridad. Pocos singles más merecerán este año un puesto en esta lista.

Los gallegos ya han editado dos videos de este disco; el de “Indiepop or whatever”, y el de la propia “Song for Carrie Mathison, que elegimos en esta ocasión por ser la mejor canción y por tener una pizca de animación, que ya sabéis que nos gusta.

Aline – Regarde le ciel

51tVrRxl2SL._SL500_AA300_De vez en cuando tener amigos te da alguna alegría. A mí me da muchas. Muchas de ellas vienen a través de una pequeña lista de correo (sí, aún usamos de eso), que mantenemos desde hace ya ni sé cuánto tiempo. En esa lista hablamos de música, de deportes, de política, de cómo nos va la vida… La lista está llena de melómanos con distintos gustos e influencias, así que de ella conseguimos sacar todos una riqueza musical fuera de lo común.

Así que suelo seguir sus recomendaciones al pie de la letra. Y lógicamente, la mayoría de las veces aciertan. Aunque pocas veces tanto como con este disco.

Hace unos días nos ponía alguien de la lista un enlace a este disco en Spotify. El disco es de Aline, un grupo francés que debutaba el año pasado directamente en PIAs France con este “Regarde le ciel”. Si sois amantes del pop británico con mayúsculas, buscadlo inmediatamente. Si sois amantes del pop cantado en francés, buscadlo inmediatamente. Si os gustan las portadas dibujadas en estilo linea clara, buscadlo inmediatamente. Si os gustan todas esas cosas, comprad el disco porque lo vais a poner CIENTOS de veces este año.

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