Pavement – Embassy row

Seguimos haciendo de abuelo cebolleta en una semana en la que he recuperado por un rato el maravilloso “Brighten the corners” de Pavement. Un disco que quizá no tenga la fama del “Crooked rain crooked rain”, pero que está lleno de canciones espectaculares desde la primera a la última. Muchas de ellas llenas de una rabia sin contención, como esta “Embassy row”, que se desata tras un minuto de silenciosa introducción y que acaba explotando en un estribillo inolvidable: “In a netherworld of foreign feeds I’m gonna take the crown, I’m gonna take the crown”.

Anuncios

Salad boys – This is glue

Creo que todas las listas de mejores discos que se publiquen en el sitio que sea deberían tener siempre un disco de un grupo neozelandés en la lista. O, al menos, uno australiano.

Salad boys va a ser el nuestro. Con su tercer disco, segundo para Trouble in Mind, han construido una perfecta minienciclopedia del pop de guitarras que más nos gusta: el que se hace de manera sencilla pero explota directamente en el corazón. “This is glue” tiene de todo: canciones de aroma a pop americano como “Hatred” o “Divided”, suspiros suaves como “Dogged out”, referencias ineludibles a Go-betweens como “Right time” o “In heaven”, electricidad estática a lo Superchunk como “Psych slacher”, frikadas estilo They might be giants! como “Scenic route to nowhere”, y verdaderos trallazos como “Blown up” o “Choking sick”. Un disco que hay que escuchar para llevar mejor el día.

Tune-Yards – I can feel yoou creep into my private life

Ya hemos comentado más de una vez que Merrill Garbus y su proyecto Tune-Yards son uno de nuestros grupos preferidos en la actualidad. Lo son desde que las vimos tocar en el cartel de Voces Femeninas organizado por Sinsal Audio, en el que dieron un concierto emocionante y vibrante a más no poder, que nos llevó a devorar su ultraconocido “Nikki Nack”, de 2014.

Al final del año pasado ya avanzaron algunas canciones de lo que iba a ser este “I can feel you creep into my private life”, uno de los grandes discos editados en lo que llevamos de año. Y una vez que hemos podido escucharlo entero, las expectativas se han cumplido con creces.

Una alucinante colección de estridencias, cada una de ellas con distintos toques para darle color: algunas con toque soul, otras con vistas a Talking heads, otras con aroma a Prince, otras con aroma a Björk, otras con toques más funk y otras con influencias africanas. Estridencias de distintos orígenes y de distintos colores, que llevan al disfrute a través de espasmódicos movimientos del cuerpo y de la mente. Alucinaciones como “Heart attack”, “ACB123” o “Look at your hands” son ya himnos en nuestra colección particular.

Vestiges – Evelyn

Vestiges son un pequeño grupo londinense, del que poco se encuentra en la red aparte de su cuenta de Twitter y su cuenta de Soundcloud, y una pequeña referencia en un webzine local. Ni siquiera soy capaz de recordar cómo me llegó su referencia; creo que algún amigo los recomendó en Twitter, pero no soy capaz de localizarlo ni en mi cabeza ni en mi timeline.

Pero son un grupo londinense que han fabricado un preciosísimo disco de sophistipop, de esos que cuando escuchas te parece imposible que sea tan sencillo crear una docena de canciones pop. Sin estridencias, sin estropicios, sin despistes: “Evelyn” es un disco maravilloso que avanza canción a canción en pequeños acordes, en melodías revoltosas, en guitarras cristalinas interpretadas de forma sencilla.

“Woman”, al parecer un pequeño éxito en el NME a finales de 2017, abre el disco con una luz especial (¿nadie ve a Prefab Sprout en ese estribillo?). Más avanzado el disco, “Taking over” recupera la luminosidad de aquellas canciones que poblaban las casetes en el UK de finales de los 80. “All I’ll ever need” iguala las canciones más amistosas de los primeros Smiths. En definitiva, un puñado de canciones para que un día empiece mejor, o al menos para que no termine mal.

Podéis encontrar el disco fácilmente en Spotify. De hecho, recomiendo que lo hagáis.

Mark Eitzel – Hey Mr. Ferryman

Este año las listas de El Jardín de Octopus van a ser extremadamente cortas y escuetas: solamente 1 elemento por cada lista.

Y empiezo por mi disco internacional favorito del año: “Hey Mr. Ferryman” de Mark Eitzel (Merge, 2017). Un disco que empieza con la incontenible emoción de “The last ten years”, y que no baja el nivel en ningún momento, recordándonos minuto tras minuto lo sencillo (y a la vez tan difícil) que es hacer un gran disco sin necesidad de escapar de pautas ya conocidas e interiorizadas por todos. No hay estridencias, no hay extravagancias, no hay groserías, no hay grandilocuencias: solo hay canciones y emoción, canciones y emoción en acordes, en arreglos y en letras. Música y emoción, tan lejos y tan cerca.

Se publicó a principios de año y fue de los pocos discos que he comprado físicamente en este 2017. Es su décimo disco en solitario y primero desde 2014, y acabo de leer que está producido por el Suede primigenio Bernard Butler, algo que quizá sea el detalle que universaliza el rock americano del que nace la música de Eitzel, y que se nota en canciones como “The road”, que escucho mientras escribo estas líneas. Un disco que servirá para conocer cómo la música alternativa de 1995 ha llegado hasta este 2017.

Y os quedáis con algo especial para celebrarlo.

 

Anteriores Entradas antiguas