Nada surf – Never not together

La verdad es que este año ha empezado con fuerza. No van ni cuarenta días y ya tenemos entre nosotros a unos cuantos discazos. Si esto sigue así, va a complicarse el hacer las listas de los mejores discos a final de año.

Nada surf ya llevan unos cuantos años encumbrando el catálogo del power pop, entregando canciones enormes y generando clásicos desde los años noventa. Sus últimos trabajos no han hecho descender la calidad del catálogo: “You know who you are” y sobre todo “The stars are indifferent to astronomy” (madre mía, ya es de 2012)  son maravillosos ejemplos de power pop repintado y redecorado acorde con la década en la que fueron grabados. “Never not together” no se queda atrás. Pasa de canción a canción y siempre se mantiene a la altura, siempre quieres seguir escuchando.

“So much love” es sencilla pero enorme, “Come get me” es emocionante, “Live learn & forget” tiene una de las mejores melodías del disco, “Something I should do” es espectacular, “Mathilda” es para empezar a saltar y no parar, “Ride the unknown” es otra melodía perfecta… Avanzas y avanzas y cada canción es mejor que la anterior. Y eso significa que estamos ante un disco importante.

 

The Homesick – I Celebrate My Fantasy

The Homesick

Curioso grupo holandés (no abundan tanto como los grandes futbolistas o los ministros cabrones), que publica su segundo disco, esta vez en Sub pop, titulado “The big exercise”. Ejercicio de post-punk experimental, con canciones basadas en ritmos que cambian en distintas partes de la canción y en distintos elementos que intentan tratar de manera innovadora, como la voz. Difícil de digerir en las distancias largas, pero refrescante e intrigante en pequeñas dosis. El video de esta canción, presentada como avance del disco a finales del año pasado, es además otro curioso ejercicio, que presenta un colorido collage a modo de presentación en Prezi.

 

Dropkick – The scenic route

Que se junten dos genios a hacer sus cosas suele ser una buena noticia, al menos cuando el resto de los mortales podemos disfrutar de esas cosas.  La colaboración entre Andrew Taylor y Gonzalo Marcos (El palacio de Linares) ya nos dio grandes momentos con sus discos como The boys with the perpetual nervousness. Ahora, tras el disco de Dropkick, el grupo de Andrew, en el sello Pretty Olivia, vuelven a aparecer los dos juntos en un mismo proyecto.

El proyecto es un nuevo disco de Dropkick, “The scenic route”, publicado en Bobo Integral, el sello de Gonzalo. Tras dieciseis discos, Andrew Taylor (acompañado de Ian Grier, Mike Foy y Alan Shields), continua explicando con ejemplos prácticos como se dominan las melodías y las armonías a la hora de fabricar canciones llenas de frescura y sencillez. Producido por él mismo y grabado en casa, ha sido grabado prácticamente en su totalidad al estilo antiguo, con toda la banda tocando junta y ofreciendo lo mejor de sí mismos en cada toma.

El disco comienza con una hiperoptimista “Feeling never goes away”, mágica y con un estribillo perfecto. La dulzura de “I’m over you, goodbye”, el esplendor de “Tomorrow” o la preciosidad que cierra el disco, “You’ll always be there”, llenarán muchas horas de perfecto pop de voces y guitarras de este año 2020.

 

The bedrooms – Passive viewing

Hace unos días se publicaba este disco, primero en formato físico del cuarteto de Portland The bedrooms, editado en Domestic departure. El disco, titulado “Passive viewing”, es un carrusel de cancionacas de post-punk tan lejos o tan cerca del 2020 como de 1988. No había tenido esta sensación tras escuchar un disco desde mis primeras escuchas de Veronica falls o Warpaint: ritmos cortantes, guitarras saltando entre el brillo y la oscuridad y agrediendo como navajas y una voz que asciende desde algún aquelarre de las cavernas.

Posiblemente el “Boy” de 2020.

 

Destroyer – Have we met

El principio de 2020 empezó de manera arrasadora en cuanto a discazos se refiere. Así que si ayer presentábamos el primer candidato a mejor disco de 2020, hoy ya presentamos el segundo.

La discografía de Dan Bejar bajo el nombre de Destroyer es ya considerable. Y viendo lo que se venía, por las nuevas canciones que fue presentando al final del 2019, su último trabajo no iba a ser de los que bajaran la media de calidad.

Un disco que, desde la portada, y pasando por todas y cada una de las canciones, parece estar recitando una lista de grandes caballeros de la historia del pop, con los que la banda se va encontrando. Encontramos indicios de alguno de ellos en cada canción: Nick Cave en “Crimson tide”, Mark Eitzel en “Kinda dark”, Jarvis Cocker en “It just doesn’t happen”, Brett Anderson en “The television music supervisor”, David Bowie en “Cue synthesizer”, Wayne Coyne en “University hill”, Brian Ferry en “The man in Black’s blues”, Jonathan Donahue en “foolssong”…

Un disco que eleva el nivel de una trayectoria ya de por sí llena de grandes trabajos, y que aporta dos o tres clásicos que saldrán en las listas de este 2020.

 

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