Of Montreal – Ur fun

Decimosexto álbum para el inimitable Kevin Barnes, favorito del Octopus como ya sabéis. Un disco lleno de canciones de alta vitalidad, perfectas para escuchar mientras te vistes para salir (cuando se podía salir). Un disco, según sus propias palabras, “para mantener el amor”, y en el que Christina Schneider ha tenido también mucho que ver.

Envueltas en un plástico de colores como si se tratara de la banda sonora de una película hedonista de los ochenta, las diez canciones de “Ur fun” (Polyvinyl, 2020) aportan feromonas hipervitaminadas contra el aburrimiento. “Peace to all freaks”, “Polyaneurism”, “Gipsy that remains” (¿alguien habló de Abba?), “You’ve had me everywhere” (¿alguien habló de Prince?), “Don’t let me die in America”… cógelas todas, coge a tu crush y llévatelo/llévatela a Florida en un descapotable rojo. No olvides llevar una bonita camisa.

Cable ties – Far enough

Han sido una de las bofetadas del año; su “Sandcastles” penetró en nuestros cerebros a principios de año y aún no nos la hemos quitado de la cabeza. Y ahora que tenemos disponible el disco entero declaramos nuestro amor eterno al grupo y no podemos hacer otra cosa que añadir este “Far enough” (Merge) a la lista de los mejores discos de 2020.

Punk-rock de alto voltaje, interpretado con una rabia infinita y con una enorme contundencia. Tanto el inicio noventero de “Hope” como el maravilloso estribillo de “Pillow”, pasando por la elegancia de “Lani”, el trallazo inmisericorde de “Tell them where to go” o el aroma a The cramps de “Self-made man”. Algo menos de 40 minutos de punk-rock garajero para desestabilizarnos desde dentro. Un discazo.

 

Triángulo de amor bizarro – oɹɹɐzıqɹoɯɐǝpolnƃuɐıɹʇ

El sexto álbum de los gallegos se construye a partir de una serie de elementos: intensidad, contundencia, velocidad y, sobre todo, rabia. Una rabia infinita e incontenible que salta desde el primer guitarrazo de “Ruptura” (rabioso culmen del disco) y que encoge el estómago hasta el último acorde. Una rabia que sirve de amalgama para todas las piezas que forman el disco: punk rock industrial (como en “Calígula 2025”), dreampop acelerado y voluminizado (¿no lo es si no la enorme canción “Vigilantes del espejo”?), ochenterismo iluminado (como en “No eres tú” y su alucinante final), emoción incontenida (como en “Folia de las apariencias”)…

oɹɹɐzıqɹoɯɐǝpolnƃuɐıɹʇ (Mushroom pillow, 2020) despliega así su rabia y consigue a partir de ella llegar a las entrañas, consigue atraparnos y emocionarnos, consigue enfadarnos y brutalizarnos. Y queremos hacerlo más.

 

J’aime – Love and squalor

La vida es una caja de bombones, decía Forrest Gump. La música, a veces, también. Cogemos un sabor de aquí, una técnica de allá, seleccionamos los mejores ingredientes y los combinamos de la manera perfecta. Y hacemos de cada canción un bocado exquisito y diferente a las demás. Si sabemos, claro, si tenemos el talento para ello.

El maestro chocolatero de este “Love and squalor” (Jabalina, 2020) es Jaime Cristóbal. J’aime es un delicado (y dedicado) gourmet que ofreció primero toda su habilidad para la cocina francesa en Souvenir, grupo insignia del sello y uno de los grupos más recordados (y recordables) de aquellos años locos del indie nacional de los 90 y 2000. Que dedicó toda su vida a explorar y conocer todos los sabores y texturas del pop y de la música popular (con todas las letras) del mundo entero. Y que en los últimos años ha dejado pequeños bombones en forma de singles y contadas colaboraciones.

Todo aquello que Jaime nos explicaba mes tras mes está aquí, en su primer disco largo. Todos los ingredientes perfectamente engarzados y seleccionados entre un goloso catálogo de delicatessen. El carrusel de “Lonewolf”, la lynchiana “Tell me not to weep”, el guitar pop de “Summery pop feeling” y la ultramaravillosa “Second best” (¿soy el único que ve aquí a Pribata Idaho?), los instrumentales “Sydney creeps” y “Media luna”, la elegantísima “700.000 records”, el delicado susurro del pop francés de los 60 en “Toutes les femmes et aucune”, la acerada “Real change”, perfecto postre para The magnetic fields, la también elegante “Right behind your heart”, la balada dreampop de “Put your lips”, la preciosa melodía de “From Rhinestone to Limestone”.

Con todo eso y una buena troupé de ayudantes del chef, como Antonio Galvañ (Parade), Germán Carrascosa, Charly (Los Bichos), Roberto C. Meyer, Alasdair Macaulay (Tindersticks), Françoiz Breut, Eli Bishop, Calina de la Mare, Patricia de la Fuente… Jaime consigue perfeccionar la elaboración de sus exquisitos dulces y convertir a “Love and squalor” en lo que es: una perfecta caja de bombones.

 

A girl called Eddy – Been around

Es una maravilla ver cómo el 2020 nos sigue dando enormes discos. Y me hace especial ilusión ver cómo Elefant vuelve a nuestro fanzine como artífice de uno de ellos.

“Been around” de A girl called Eddy es un disco eterno. Podría haberse compuesto hace 40 años, o hace 20, o hace 5 meses. Está lleno de sabiduría y asimilación de un estilo concreto, ese soul blanco de la costa este de EEUU que ha llenado discos y horas de música maravillosa. Está lleno de respeto y admiración por una serie de figuras musicales que conforman una línea incontestable: Burt Bacharach, The Carpenters, Carole King, Scott Walker, Van Morrison… Pero sobre todo, está lleno de enormes canciones.

Canciones sobre las que se podrían construir nuevos clásicos del cine (“Been around” o “NY man”), para las que habría que encontrar un nuevo Dustin Hoffman o un nuevo John Voight. Canciones con perfectos arreglos de metales que nos hablan de épocas doradas que nunca se han ido (“Jody”). Canciones de letárgica melancolía (“Finest actor” o “Charity shop window”). Canciones que podrían continuar el legado de los clásicos de los ochenta (“Someone’s gonna break your heart”). Y canciones cuyo estribillo es tan dulce que pone la piel de gallina (“Big mouth”).

Canciones que aportan nuevo fondo de catálogo a una música inolvidable, hecha desde el amor y la elegancia, hecha desde el clasicismo y el detalle. Canciones, finalmente, compuestas desde la proximidad a la perfección.

 

Anteriores Entradas antiguas