Sebadoh – Act surprised

Hoy sale disco nuevo de Sebadoh. Y nosotros tenemos una máxima: si hay disco nuevo de Sebadoh, es el mejor disco del año.

Y es que además Lou, Jason y Bob nos lo ponen siempre fácil para que lo sea. Si ya hace 6 años del “Defende yourself”, este “Act surprised” significa una vuelta de lo más celebrada. En su propia reseña en el Bandcamp destacan, acertadamente, que “la nueva colección de canciones reafirma la vitalidad de la relación compositiva entre Lou Barlow, Jason Lowenstein y Bob D’Amico”. No puede ser más verdad. “Act surprised” es un disco que entronca perfectamente con la época de los enormísimos y eternos “Bakesale” y “Harmacy”, continua su saga y su significado e iguala su sonido y su emoción. ¿Que no ofrece nada nuevo? ¡SON SEBADOH, JODER! ¡NO QUEREMOS NADA NUEVO!

Queremos que suenen a Sebadoh. Que emocionen con cada estribillo, que ericen la piel con la voz de Lou, que fundan ruido en el ritmo y suavidad en la melodía, que nos hagan mirar al suelo y sentir que tenemos de nuevo veinte años. Y lo consiguen, vaya que si. La primera mitad es alucinante: la segunda parte de “Celebrate the void”, la emocionante “Follow the breath”, el estribillo perfecto de “Medicate”, el inolvidable aroma a “Harmacy” de “Vacation”… pero la segundo mitad no se queda atrás: pop de altura, volviendo al “Harmacy” con “Raging river” y “Sunshine”, volviendo al “Bakesale” con “Act surprised” o “Leap year”, ofreciendo bonitas melodías navideñas como “Fool”…

Se les llama “pioneros del indie rock”. Y hacen gala de ello. Y nosotros lo disfrutamos.

 

 

Weyes blood – Titanic rising

Fácilmente, este va a ser uno de los discos más importantes del año. Sin embargo, para rendirse a los pies de esta maravillosa cantante y compositora hay que tener debajo una serie de referencias no sencillas. Una, las producciones de pop orquestal pero a la vez intimista de los años 70, con Carole King, el edificio Brill o el universo Carpenters como grandes ejemplos. Otra, el catálogo de cantantes femeninas de las últimas décadas, desde Lana del Rey a Anna Calvi pasando por Sharon van Etten y llegando a Billie Eilish. Otra, la melancolía trip-hop de los años 90. Tres referencias separadas 30 años en el tiempo y perfectamente reunidas en un disco alucinante, realizado de manera casi insultante por una artista tan joven (y que a pesar de todo presenta ya su cuarto disco).

Con una producción deliberadamente clásica, que refuerza una forma de cantar que podría haber triunfado en los 70, en los 80, en los 90, en los 2000, y que funciona ahora, este “Titanic rising” es como una isla en un océano, como un oasis en un desierto, como un pequeño planeta en una galaxia: es un punto de llegada que concentra tu atención y que no te permite ver nada más allá. Es un disco verdaderamente emocionante, en lo musical, en lo vocal, en la interpretación y en la composición. Canciones como “Andromeda”, “Something to believe”, “Movies”, “Wild tune”, maravillosas, coronadas por la hermosísima “Mirror forever”, son pequeños regalos que elevan, aunque sea un poquito, el resultado de este año tan frío.

 

The flaming lips – King’s mouth

Para el pasado Record Store Day de este año (celebrado en Abril) nuestos adorados The flaming lips publicaron una versión especial, en vinilo dorado, de éste que hace su décimoquinto album de estudio. La versión oficial para el gran público se editará en Julio, a través de Bella Union. El disco ha sido concebido como banda sonora para la exposición inmersiva del mismo nombre que Wayne Coyne ha protagonizado en varias ciudades norteamericanas desde 2015.

Continuista con el momento de psicodelia soft-pop que el grupo ha cultivado durante los últimos años, “King’s mouth” tiene muchos momentos brillantes y emocionantes: los compases intermedios de “The sparrow”, la luminosidad de “How many times”, la épica de “Electric fire”, y sobre todo la preciosa “All for the life of the city”. Aunque la aparición de Mick Jones como narrador (que a veces me trae a la memoria la banda sonora del “Yellow submarine” de The beatles) no pasa de ser una mera anécdota, este es un disco que va mucho más allá de una simple banda sonora para una instalación artística, y se eleva como uno de los momentos álgidos de la frenética actividad musical, artística y vital de Coyne y Drodz.

 

Zebra Hunt – Trade desire

Hace pocas semanas se publicaba el tercer disco de los americanos Zebra Hunt, en colaboración discográfica entre Jigsaw records y Tenorio Cotobade. Este disco, que sigue al exitoso “In phrases” de 2017, que les llevó a tocar en varios países, entre ellos España. Según ellos mismos comentan, esta gira española les llenó de una energía y excitación que decidieron aprovechar para trabajar en este nuevo disco.

Durante los ensayos y las composiciones decidieron volver al productor con el que habían trabajado en su primer disco, Robert Comitz. Manteniendo sus referencias iniciales (ellos hablan de The feelies y del sello Flying nun, yo añadiría grupos como James, The La’s o Nada surf), y añadiendo un puñado de nuevas ideas y sobre todo la contundencia que les aporta los años que llevan tocando juntos y la multitud de conciertos disfrutados, los de Seattle nos ofrecen un trabajo brillante y lleno de momentos fáciles de disfrutar. El disco, de título “Trade desire”, es un disco de pop de guitarras de los de antes: melodías, coros, estribillos, y guitarrazos a medio camino entre el control y la estridencia. Con lo fácil que es hacer pop…

El lado oscuro de la broca – Salvaje Oeste

Al final se está juntando una añada de discos nacionales en este 2019 espectacular, ¿verdad? Y un conjunto de grupos que van recuperando, poco a poco, un magnífico nivel para el pop español en esta década: Sierra, Selvática, Disco las palmeras!, Kokoschka y… El lado oscuro de la broca.

Tras dos discos en El genio equivocado, los zamoranos editaron dos puñados de canciones en trabajos separados, que finalmente formaron un solo disco, este “Salvaje Oeste” que aquí comentamos.

Un disco cuya historia merece ser leída: una artista brasileña, Rosa Herbert, que busca sus raíces españolas y acaba llegando a un pequeño pueblo de la provincia de Zamora, Castro de Alcañices, en donde conoce a Juan Alfonso, cantante y guitarrista del grupo (y oriundo del mismo pueblo), con el que entabla una amistad que acaba cristalizando en un disco enorme, a pesar de su brevedad.

Un disco lleno de rabia, de angustia, y con un hilo temático que procede de la experiencia vital de Rosa Herbert y de las inquietudes familiares de Juan Alfonso: recuperar la memoria de los que nos precedieron, recuperar su rastro, y construir por encima de él nuestro camino.

 

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