Disco las palmeras! – Cálida

Un disco que se me escapó de 2018 fue este (cuarto) trabajo de los lucenses Disco las Palmeras!, banda liderada por Diego Castro y que tanto nos impactó con su debut “Nihil obstat”, época en la que incluso los pudimos ver en directo en alguna ocasión.

Ellos mismos afirman que este “Cálida”, editado por Sonido muchacho, supone una apertura de miras en cuanto a influencias, sonidos e intenciones. Supongo que siempre fueron mucho más allá de lo que su salvaje y ruidoso (aunque espectacularmente brillante) primer disco dejaba ver: versiones publicadas posteriormente como “The act we act” de Sugar o “10.000” de Los planetas lo iban anticipando. Supongo también que buscarse al productor de Explosions in the sky era otra declaración de intenciones: ruido controlado y melodía escondida.

Todo esto cristalizó en un disco que poco a poco va subiendo puestos en nuestro ranking de 2018. Brutalmente directo, engancha y emociona, destroza neuronas y aturde la conciencia. Y pone al grupo en el lugar que se merece: en la cabeza bicéfala del rock gallego junto con Triángulo de amor bizarro.

 

Young scum

El último proyecto del sello Pretty Olivia durante 2018 fue el debut en largo de estos norteamericanos, que ya habían publicado otro EP para el sello y que entregaban de esta manera un nuevo puñado de canciones que disfrutar.

Más ásperos que Teenage fanclub, más minimalistas que The pains of being pure at heart, más guitarreros que The La’s, más brillantes que Dinosaur Jr., el cuarteto formado por Chris Smith, Ben Medcalf, Brian Dove y Caleb Knight son capaces de entregar canciones perfectas y chispeantes, de estribillos imposibles, acordes deliciosos y melodías estremecedoras. No hay canción del disco que no puedas convertir en el himno de tu habitación, no hay momento del disco que no te haga pensar que ser joven es maravilloso, y que con el pop a tu lado lo es mucho más.

Dicen que se hacen viejos; a mí me pasa lo contrario: quiero volver a mis veinte años para pegar saltos con cuatro amigos al ritmo de sus canciones. Esos amigos que luego duran para siempre. Como este disco.

 

Ofrenda floral – Las flores no me odian

En los datos de la publicación en Bandcamp del disco debut de Ofrenda floral, “Las flores no me odian”, aparece una cita que nos llama la atención: “¿Obra maestra? Mucho más que eso: el disco que hará olvidar los veinticinco años sin Family”. La cita pertenece a la reseña del disco en Zona de obras. No me atrevo a decir si la cita es exagerada o no. Pero lo que sí me atrevo a decir es que, a poco que reciba la atención que se merece, este “Las flores no me odian” podría llegar a ser, fácilmente, el “El artista adolescente” de finales de los 2010.

El disco, publicado por Kocliko Records a finales de 2018, es una preciosa colección de canciones de pop de habitación, llenas de melancolía y sutileza. Maravillas como la “apenínica” “Globos”, hermosísima, la acompasada “Caminos amplios y libres”, o la brutalmente perfecta “Metálico” se pegan a la piel prácticamente desde la primera escucha. Reconocemos estas canciones y reconocemos los resortes que hacen saltar. Y empezamos a amarlas desde el minuto uno.

Ofrenda floral es el proyecto en solitario de Fernando de la Flor, excomponente de Gente joven, banda leonesa que grabó varios discos para Acuarela y Discos de Kirlian. No sé si “Las flores no me odian” podrá sustituir a Famili; pero sí que, seguramente, hará más llevaderos estos años de casi silencio de Marco Apenino.

 

 

Kokoshca – El mal

Uno de mis discos nacionales favoritos del 2018 es este “El mal” de Kokoshca, editado por Sonido Muchacho a finales del año. Un disco fabricado como un caleidoscopio en el que cualquier color vale, como un cajón desastre en el que todo cabe. La multitud de referencias distintas que me vienen a la cabeza es enorme: Planetas, Klaus & Kinski, folclore, Ilegales, The doors, La mode, The clash… Y todo conjunta perfectamente en unos pocos minutos de rabia social descontrolada, como una olla express que revienta.

El disco reune además unas cuantas canciones de las que nos acordaremos dentro de unos años: “Alarma”, “El Leviatán”, “Bom-bom”, y sobre todo “El mal”, ese final de más de seis minutos plagado de referencias a la política y a la sociedad española de este momento y que sería, sin duda, la escogida, para un remake de “Asesinos natos” dirigido por Álex de la Iglesia. Brutal.

“Si yo pudiera me subiría a esa montaña

y arrojaría el mal de España”.

 

Watoo watoo – Modern express

Watoo watoo es uno de esos grupos cuyo entorno vital se extiende a través de las enciclopedias futuristas de los años setenta. El Barbican Center, los Supersónicos, México 1968, la Gran Enciclopedia del Hogar… una imagen muy clara y determinada que además se ve profundizada por el trabajo como fotógrafo de uno de los miembros del dúo francés, Michaël Korchia. En lo musical, una referencia básica, Stereolab, y todo el psycopop europeo de los años 90 alrededor de la historia musical de Tim Gane y Laetitia Sadier. A Tim Gane lo vimos pinchar en el Barbican Center de Londres hace unos años; el círculo se cierra.

La aventura de Pascale y Michaël llegó a su fin a mediados del año pasado. Yo me enteré de la publicación de su quinto y último disco a principios de 2019, y no he podido evitar quedarme con un poso amargo, ya que (sin tener pruebas de ello) mi impresión es de que el final de la aventura se debe a una repercusión inmerecidamente escasa.

“Modern express” es un digno continuador de la música de Watoo watoo. Y, si queremos ser estrictos, es también un digno epílogo. Con preciosas canciones como la europopera “For a while”, la elegantísima “La brume”, la garajera “Les regards hostiles” o una revisión de una antigua canción suya, ahora en inglés, “Whirlpool of pride”. Un digno epílogo para una carrera de 5 discos desde 1997 que aporta un nombre que quizá no sea imprescindible para el pop europeo del siglo XXI, pero que se hace totalmente disfrutable y adorable.

 

Anteriores Entradas antiguas