Atrás tigre – Fainos saír

Estoy acostumbrado a que el pop gallego me dé acceso a pequeñas joyas, joyas que a veces no quieren ni siquiera salir de su cofre, que son extraídas de la tierra con la única pretensión de servir de exorcismo vital para sus autores. Fuera de lo que Galicia aporta al indiemainstream nacional (Triángulo de amor bizarro, Novedades Carminha, etc.), todos los años surgen pequeños proyectos que acaban dejando una huella imborrable en los corazones de los amantes de la música que vivimos aquí en esta tierra apartada de la vida moderna.

Projecto Mourente, Dar ful ful, Apeiron… son tantos los nombres que darían casi para un reportaje especial. Este 2017 nos regala otro: Atrás tigre. Desde Santiago de Compostela y grabado en las mágicas tierras de Hío, Pontevedra, este pequeño disco parece darme instrucciones desde su título. “Fainos saír” (Triunvirato, 2017) araña la tapa del cofre y pide que le dejemos salir, que le dejemos respirar, que le dejemos conquistar. Con elementos musicales conocidos (podrían ser la Décima víctima gallega), acude a pequeños poetas gallegos para ocupar su lugar en el corto catálogo del pop en gallego. Una maravilla.

 

 

Mark Eitzel – Hey Mr. Ferryman

Este año las listas de El Jardín de Octopus van a ser extremadamente cortas y escuetas: solamente 1 elemento por cada lista.

Y empiezo por mi disco internacional favorito del año: “Hey Mr. Ferryman” de Mark Eitzel (Merge, 2017). Un disco que empieza con la incontenible emoción de “The last ten years”, y que no baja el nivel en ningún momento, recordándonos minuto tras minuto lo sencillo (y a la vez tan difícil) que es hacer un gran disco sin necesidad de escapar de pautas ya conocidas e interiorizadas por todos. No hay estridencias, no hay extravagancias, no hay groserías, no hay grandilocuencias: solo hay canciones y emoción, canciones y emoción en acordes, en arreglos y en letras. Música y emoción, tan lejos y tan cerca.

Se publicó a principios de año y fue de los pocos discos que he comprado físicamente en este 2017. Es su décimo disco en solitario y primero desde 2014, y acabo de leer que está producido por el Suede primigenio Bernard Butler, algo que quizá sea el detalle que universaliza el rock americano del que nace la música de Eitzel, y que se nota en canciones como “The road”, que escucho mientras escribo estas líneas. Un disco que servirá para conocer cómo la música alternativa de 1995 ha llegado hasta este 2017.

Y os quedáis con algo especial para celebrarlo.