De compras (vol. 3)

family folks all the lost causes

Desde hace meses viene cristalizando en Vigo un nuevo proyecto, protagonizado por unos irreductibles de la escena viguesa, que ha acabado por materializarse en un primer disco de los que acaban orgullosos en los estantes de los mejores coleccionistas.
Me refiero a “All the lost causes” (Gazteluoeku Hotsak, 2016) de Family folks, un dúo vigués que, a fuerza de convertir las orillas de la ría de Vigo en las riberas del mismísimo Mississipi, han conseguido crear este ejercicio de estilo, lleno de una autenticidad abrumadora y, lo que es mejor aún, de magníficas canciones que se quedan en la memoria a la misma velocidad que los grandes clásicos.
Un par de conciertos previos y un último directo en el que definitivamente presentaban el disco nos convencieron de comprar esta pequeña joya, en la que pronto encontramos un montón de virtudes. Primero, un conocimiento enciclopédico de lo que quieren crear: un clasicismo de raíces norteamericanas lleno de country, folk, blues, bluegrass, rhythm’n’blues y todos aquellos ritmos que, desde la unión contranatura de blancos y negros en los campos de algodón, han servido de cuna para el nacimiento de toda la música popular del siglo XX. Segundo, un dominio eficaz de multitud de instrumentos, y, por si no fuera suficiente, un amplio catálogo de amigos y colaboradores que han enriquecido aún mas el vestido musical de las canciones. Y tercero, y más importante, diez canciones bien construidas que funcionan en el cerebro del espectador y que se pegan a él como la espuma a los remolinos.
“All the lost causes” no funciona solo para los amantes del género: asegura un buen rato de disfrute para todos los públicos. Gran disco.

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Parade – Demasiado humano

demasiado humano

No me duelen prendas en admitir que me había desenganchado mucho de Parade; los discos de la época Jabalina no me llegaban a llenar, y de manera justa o injusta, según se mire, buscaba en ellos la maravillosa magia que desbordaba “Inteligencia artificial” o “Consecuencias de un mal uso de la electricidad”, sin encontrarla más que en pequeños destellos. Supongo que yo seguía buscando a una divinidad, mientras el músico se iba haciendo demasiado humano.

Así las cosas, imagínense ustedes mi gozo y alborozo cuando, al escuchar este “Demasiado humano”, volví a enamorarme de las canciones de Parade. Apoyado en una elegantísima electrónica, y recubierto por una capa brillante de azulejos lacasazulados, el nuevo material de Parade magnetiza de nuevo los corazones y electrifica otra vez las almas. Desde la vitalista “Traedme la cabeza de Phillip K. Dick” hasta la verbena de “El ritmo escarlata”, pasando por el maravilloso estribillo de “Cementerio nuclear en la pequeña ciudad” o la épica de “Novia del motorista fantasma”, todas las canciones cumplen su cometido: arropar a tres nuevos clásicos inolvidables del músico murciano.

Porque, desde ya, eso es lo que son “Laser” (quizá la reacción inevitable a la acción de “No más rocanrol”), “Johnny Ramone, agente de la KGB” (quizá la inesperada continuacion paranoide de “El informe”) y, sobre todo, “Demasiado humano”, una de las letras más hermosas que ha escrito y, quizá, la consecuencia lógica de la llegada a la madurez del ejército de robots que Antonio ha ido montando a lo largo de los años. Tres clásicos infalibles, inexplicables, imborrables.