Cosmen Adelaida – La foto fantasma

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El pop-rock nacional independiente ha cambiado en los últimos años: se ha dado cuenta de que lo mejor que puede hacer es intentar entretener, hacer bailar los cuerpos y hacer forzar las gargantas. Y dejarse de reclamaciones intelectuales que no llevan a ningún sitio más allá que a la habitación de algún adolescente atormentado de treinta años.

El punto culminante de esta nueva filosofía es el indietex: numerosos ejemplos hay de ello. Pero sin llegar tan allá como para que haga falta imitar los gorgoritos de Vetusta Morla, multitud de grupos han sabido modificar la actitud del público de sus conciertos, que ahora, en vez de mirar al suelo y agarrarse inmóviles a su cerveza, saltan y gritan y cantan los estribillos más contundentes, enérgicos y en español.

Las herramientas de Cosmen Adelaida para esta nueva aproximación son dos: en lo musical, unas guitarras contundentes y unos ritmos poderosos y estroboscópicos; en lo escrito, unas letras que hablan de las constantes decepciones con las que nos encontramos los humanos que habitamos el mundo occidental. Su segundo disco, “La foto fantasma”, es un maravilloso ejemplo de ello. Desde la metálica “Copenhage” a las más punk como “El mismo lugar” o “Jo, qué noche”, pasando por la acelerada “Becerro de oro”, elegida como single y protagpnista del video de más abajo, todas las piezas de este puzzle están encajadas con la misma intención: convertir sus directos en una fuente de sudor a voz en grito. Y lo mejor: aciertan.

Trapece – Trapece

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Veinte años han pasado y han convertido aquellas piezas de pop naïf y delicado de Moving pictures en este ejercicio de jazzpop que nos entregan Trapece. Veinte años en los que nos los podemos imaginar escuchando muchas cosas distintas, probando distintos caminos, aprendiendo a tocar nuevos instrumentos, y cambiando los ambientes indienoventeros del Madrid de la sala Maravillas por pequeños garitos de puretas, con música en directo y carteles en las paredes con Billie Holiday, Ella Fitzgerald y Duke Ellington como protagonistas.

Un camino hecho con los años y que ha pintado de jazz este pequeña colección de canciones, un jazz alejado del virtuosismo de los puritanos y que se deja acunar por sencillas melodías y por letras de paisajes cotidianos, de pensamientos y preocupaciones igual de sencillas. Melodías y pensamientos que funcionan y que podrían servir como música de acompañamiento para esos locales de los que hablábamos.

Biquini – Un sitio para descansar

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No es la manera en la que quisiera empezar una reseña de un disco, pero tengo que decirlo. Este debut (al menos como Biquini) que forma “Un sitio para descansar” me trae a la memoria aquel “Alma de blues” de Presuntos implicados. Quizá sea el magnífico gusto por los arreglos de Alfredo, o quizá sea la calidez acariciante de la voz de María, pero, señores, esto es así.

Y aunque hayan sustituído el poso negroide de aquel por un fondo de bosanovismo pop tamizado por la visión que grupos como La buena vida han hecho de la bossa a lo largo de sus carreras, a mí la impresión me queda ahí. A pesar incluso de que al acelerar y pizpiretar algunas de las canciones (las que mejor han quedado: “A la deriva”, “Una estrella fugaz”, “Aquella canción”, “Todos los sapos guapos”) se acerquen un poco a otro dúo que me ha gustado mucho estos últimos años, Klaus & Kinski. Biquini son menos surrealistas y menos guitarreros, sí, pero también más amables y más cariñosos.

Lo cierto es que este disco, tan lleno de sutilezas jazz, de voces de terciopelo, de lugares comunes con nuestra historia, de melodías acertadas y de brillos de atardecer es uno de los que más he escuchado este año. Quizá porque da lo que promete: un sitio para descansar.

Apenino – Viravolta

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Pues mira por donde, llegados los fríos y las lluvias que avanzan el final del año, nos llega un maravilloso regalo de uno de nuestros artistas favoritos (y, por suerte, amigo). Marco Apenino ha completado por fin la creación de su nuevo disco, el sexto ya, en el que sigue demostrando su capacidad de acariciarnos y de acunarnos con sus pensamientos, sus rimas y sus declaraciones de amor.

Porque “Viravolta” es una declaración de amor. Incluso en su canción “protesta”, “La estafa social”, Marco parece amar (y por tanto decepcionarse con él) al estafador genérico al que abronca. La maravillosamente delicada “Conversa ultramarina”, llena de nostalgia y de un hermoso echar de menos; la saltarina “Mirada atlántica” o cómo disfrutar de tu compañía, amada mía; el estribillo de “Esforzo infinito”… Todo parece dedicado al valiente acto de declarar su amor, por alguien en concreto o por todos nosotros en general.

Es justo también reconocer a los que acompañan a Marco en esta viravolta: Eva e Iván de Linda Guilala, acompañantes de Apenino en directo y artífices del sonido del disco; Mónica Vacas, voz en algunas canciones y coprotagonista de la magnífica versión de “La leyenda del tiempo”; Arturo Vaquero, en la mezcla y masterización y en la grabación de bajos; Guillermo Arias, en el diseño. Y María, Elisa y Diego, que seguro que algo hicieron…

Nosotros también te queremos, Marco.

Future islands – Singles

Future Islands - Singles

Curiosa combinación. Se llaman Future islands y su disco “Singles”, y sin embargo, ni es un recopilatorio de singles ni, desde luego, podamos decir que sea un grupo que mira al futuro.

Más bien, en este “Singles” del trío de Baltimore hay infinidad de miradas al pasado. Un poco Tom Jones, un poco White lies, un poco Barry White, un poco Black, nos imaginamos al cantante enfundado en una gabardina blanca estilo Rick Astley o en un traje brillante estilo Al Jarreau. Un poco de todo eso, y un mucho de Deacon blue, a los que en cierto modo parecen homenajear en la magnífica canción que abre el disco (“Seasons (waiting on you)”) como en la que lo cierra (“A dream of you and me”). Un espíritu de baile, elegancia y ochenterismo que hace de este “Singles” algo delicioso en sí mismo.

Me estoy encontrando que casi todos los discos que me están gustando de este 2014 tienen un componente en común, y es su mirada a los clichés de los años 80. Quizá sea que me estoy haciendo mayor, pero confieso que con todos estos discos estoy disfrutando, si no de nuevas ideas y de sonidos sorprendentes, sí de grandes canciones y de caminos que ya hemos recorrido confortablemente.

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