Violent Femmes Live on KEXP

Violent femmes son sin duda una de las mejores bandas de toda la historia del pop. Su música es única e irrepetible, son unos tipos cojonudos y representan mejor que nadie la visión hedonista nuestra cultura: ser felices y pasarlo bien.

En este directo para KEXP, bastante reciente (de 2017), lo demuestran a gran altura. Solo hace falta ver cómo empiezan: no tienen setlist y van a tocar las que el público pida; para empezar, eligen a un chaval de 11 o 12 años. ¡Y el crío va y escoge “Blister in the sun”! Ese chico está bien educado, carallo.

 

Festival Sinsal San Simón 2018

Este año tuvimos la oportunidad de poder volver a asistir al Festival Sinsal San Simón, un evento al que ya es la cuarta vez que acudimos y que se supera cada vez que vamos. El cartel secreto (bueno, semisecreto una vez llegado el domingo), el espectacular entorno en el que se produce (la histórica isla de San Simón, en el fondo de la ría de Vigo), el ambiente y la tranquilidad de la audiencia del festival, todo ello hace del Sinsal un acontecimiento único en nuestro periplo de conciertos a lo largo del año.

Sinsal es además un festival pensado para que acudas con niños, y ese es otro de sus atractivos. En esta ocasión fuimos con una buena pandilla de ellos y ellas, entre 10 años y 16. Y he de destacar que iba convencido de que iban a estar todo el día dando el coñazo, sobre todo las mayores, con que “a estos grupos no los conoce nadie”, “pero de donde han salido estos frikis”, etc., pero nada más lejos de la realidad. AL contrario, se hicieron fans incondicionales de algunos de los grupos que participaron; no hay nada más especial que descubrir un grupo nuevo que te gusta y que te va a acompañar el resto de tu vida.

El día comenzó con Cosmo Sheldrake, londinense, autor de un conjunto de canciones emocionantes que sonaban perfectas en ese pequeño jardín, con el sampler y su preciosa voz como únicas ayudas.

 

Luego fue el turno de Marem Ladson, una exótica combinación entre USA y Ourense con una magnífica voz, aunque su propuesta musical me pareció, en aquel momento, un tanto superada ya.

 

El día siguió con la esquizofrénica propuesta de Karpov not Kasparov, desde Rumanía, ritmo bailable y bailarinas entre lo folclórico y lo futurista. Un ejemplo de la globalización del concepto hipster.

 

Uno de los momentos del día para la pandilla de chicas que nos acompañaba fue el concierto de Esteban & Manuel, un fiestón rumbero que conquistó a propios y extraños, y que consiguó que aún en las últimas horas del día, en el barco de vuelta, los que estaban allí entonaran todavía un entusiasta “Esteban y Manueeeeeeeeeel”. Increíble.

 

De seguido, en el escenario principal, la primera de las grandes sorpresas del día, los turcos Altin Gün. Habituales en los festivales europeos de este verano, enseguida conquistaron con su propuesta bailable surgida de ritmos exóticos, instrumentos tradicionales y aromas mediterráneos.

 

Lo que vino después fue una de las sorpresas más agradables del festival. Desde Sudáfrica, Nakhane y su propuesta post-funk llena de emociones, con una voz privilegiada y una puesta en escena brutal y embriagadora. Una maravilla más disfrutable aún si cabe en los primeros momentos del atardecer en la ría, unos momentos que siempre aportan un plus de magia.

 

A continuación otra de las grandes fiestas del día: la cubana La Dame Blanche. Rumba afrocubana, hip-hop, reggae, ritmos latinos de alto voltaje, reivindicaciones feministas y un éxtasis colectivo que llevó a mis jóvenes acompañantes a subirse al escenario, a comprarse el disco y a pedirle que se lo firmara e incluso a invitarla a una cerveza con lo que les quedaba en las pulseras de pago. Hay que agradecer que La Dame Blanche trató a todo el mundo de forma exquisita, sorprendida seguramente del efecto que había causado en unas niñas de 13 y 16 años.

 

Y por último, uno de los conciertos más divertidos que recuerdo en todas mis visitas a Sinsal: Jungle by night desde Amsterdam. Una explosión de ritmo, diversión, buen rollo y comunión artistas-público. Contaron que llevaban 30 horas de viaje desde Indonesia y que estaban un poco cansados, pero no me imagino cómo será entonces un concierto en el que estén a pleno rendimiento. Se metieron a la gente en el bolsillo desde la primera nota de trombón, y no los soltaron hasta el último golpe en la caja. Una magnífica despedida para un día especial.

 

El festival Sinsal San Simón es muy especial, por todas estas cosas y por muchas otras. Es un acontecimiento que esperamos a lo largo de todo el año, y que recomendamos a todo el mundo. No hay nada que se le parezca.

 

De compras (vol. 3)

family folks all the lost causes

Desde hace meses viene cristalizando en Vigo un nuevo proyecto, protagonizado por unos irreductibles de la escena viguesa, que ha acabado por materializarse en un primer disco de los que acaban orgullosos en los estantes de los mejores coleccionistas.
Me refiero a “All the lost causes” (Gazteluoeku Hotsak, 2016) de Family folks, un dúo vigués que, a fuerza de convertir las orillas de la ría de Vigo en las riberas del mismísimo Mississipi, han conseguido crear este ejercicio de estilo, lleno de una autenticidad abrumadora y, lo que es mejor aún, de magníficas canciones que se quedan en la memoria a la misma velocidad que los grandes clásicos.
Un par de conciertos previos y un último directo en el que definitivamente presentaban el disco nos convencieron de comprar esta pequeña joya, en la que pronto encontramos un montón de virtudes. Primero, un conocimiento enciclopédico de lo que quieren crear: un clasicismo de raíces norteamericanas lleno de country, folk, blues, bluegrass, rhythm’n’blues y todos aquellos ritmos que, desde la unión contranatura de blancos y negros en los campos de algodón, han servido de cuna para el nacimiento de toda la música popular del siglo XX. Segundo, un dominio eficaz de multitud de instrumentos, y, por si no fuera suficiente, un amplio catálogo de amigos y colaboradores que han enriquecido aún mas el vestido musical de las canciones. Y tercero, y más importante, diez canciones bien construidas que funcionan en el cerebro del espectador y que se pegan a él como la espuma a los remolinos.
“All the lost causes” no funciona solo para los amantes del género: asegura un buen rato de disfrute para todos los públicos. Gran disco.

Madrid PopFest

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Este año tuvimos la oportunidad de vivir una nueva aventura Octopus con nuestros peques. Si bien es cierto que nos habían acompañado ya en algunos festivales (dos veces al Sinsal y una vez, al menos la mayor, al Vigotransforma), habían sido festivales de día y a cielo abierto. Este año, cuando supimos que en la organización del Madrid Popfest se habían involucrado algunos amigos nuestros, decidimos proponer a los peques la posibilidad de un viaje relámpago a Madrid (ciudad que no conocían), disfrutando a la vez de un festival con el mágico aliciente de poder ver en directo a Parade, uno de sus grupos favoritos.

La propuesta fue acogida fenomenalmente por toda la familia, así que nos pudimos manos a la obra. Y a la hora de comer del viernes 11 de marzo, toda la familia Octopus estábamos en Madrid, comiendo unos tacos en el barrio de Tetuán, y preparándonos para un fin de semana de vértigo.

La tarde la dedicamos a conocer los sitios que todo turista en Madrid debe ver: la puerta de Alcalá, la Cibeles, el Paseo del Prado, la Gran Vía, la Plaza de España, el templo de Debot, la Plaza Mayor, el Mercado de San Miguel, la Puerta del Sol… una inmensa pateada que los niños completaron como campeones, acabando en un estado mucho mejor que el nuestro. Llegada ya la hora de los primeros conciertos, la familia se retiró al hotel mientras yo hacía de avanzadilla y me acercaba a la sala Taboo a disfrutar del primer día de conciertos.

No llegué a ver a Los animalitos del bosque, pero una jovencísima reportera me dijo que estuvieron muy divertidos. Hazte lapón no me llegaron a enganchar, Horsebeach estuvieron fantásticos, pero mi sorpresa llegaba al ver a Sierra. Hacía mucho tiempo que no recibía un shock tan imponente de un grupo al que nunca había escuchado. Con la rabia y la insolencia de unos primigenios Ilegales, ofrecieron 40 minutos de punk estratosférico. La noche se cerraba con Colour me wednesday, que también estuvieron enormes, con una energía y una simpatía que contagiaron al público.

Al día siguiente nos acercamos al Retiro, para que los niños lo conocieran y además para encontrarnos con algunos familiares nuestros que por casualidad estaban en Madrid. Tras pasear por el parque, hacernos fotos, ver famosos y hasta hacer la pijada de navegar en barca, corrimos a la sesión vermú del festival, sin fortuna porque cuando llegamos el aforo estaba completo y no pudimos entrar. Mientras comíamos en un magnífico italiano de la zona, nos iban llegando noticias del momento histórico que Francisco Nixon estaba dejando en el interior de El chico feo: una comunión especial con el público que hizo de esa sesión uno de los momentos del festival para casi todo el mundo. Algo a mejorar: que no haya problemas de cupos y que no pueda haber gente que se pierda ese tipo de cosas.

La tarde fue para ver el Reina Sofía: los niños querían ver el Guernika de verdad. Y aunque el peque acabó bastante cansado al acabar la tarde nos fuimos a los conciertos que nos quedaban por delante. Puzzles y dragones no nos gustaron demasiado, Jessica & the fletchers estuvieron muy bien y Brideshead lo intentaron pero se encontraron con algún intangible que les impidió conectar. Quizá mis expectativas con Red sleeping beauty eran tan altas que me acabaron desilusionando, y aunque hubo momentos de gran belleza no me acabaron de enganchar y pasé el rato hablando con amigos, comprando camisetas para los niños y haciendo el tonto.

Y finalmente llegó el momento más esperado: Parade. La familia Octopus nos apostamos contra la barandilla justo al lado del teclista, y pegamos un brinco de felicidad: “Primer contacto” era la primera canción que iba a sonar. Aunque parezca imposible, nosotros (los Octopus mayores) no habíamos visto nunca a Parade en concierto, y los peques lógicamente tampoco, así que casi parecía dedicado a nosotros: era efectivamente nuestro primer contacto con el genio. Posteriormente fueron cayendo un montón de hits salpicados con las canciones del nuevo disco, algunas de ellas a la misma altura que los grandes éxitos, como “Demasiado humano” o “Láser”. Parece mentira que después de tantos años aún se pudiera conseguir una comunión con el público tan fuerte como la que se dio esa noche; el momento culminante fue “Metaluna”, mientras la escuchaba y todos la cantábamos a voz en grito, me preguntaba cuantos momentos de felicidad había provocado aquella canción en las calles del barrio en el que estábamos. “Níquel cromo” fue otro gran momento, con Antonio arengando a las masas (a su manera).

En fin, una maravillosa aventura, mezclando turismo, amigos y música; una nueva colección de recuerdos que ocuparán su sitio en los recuerdos de la familia. Un festival diferente con una propuesta diferente, que acabó con un sobresaliente y en el que (al menos de puertas afuera) todo salió a pedir de boca. Tanto es así que los pequeños Octopus quieren repetir el año que viene.

Más vale tarde…

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Aunque me cueste admitirlo, con frecuencia llego tarde. Es uno más de los múltiples defectos con los que, cuando me haga mayor, tendré que aprender a convivir. No la es falta de puntualidad mi verdadero problema, pues ese tendría fácil arreglo; es, más bien, la falta de oportunidad, aquello de no hacer las cosas cuando hay que hacerlas, cuando surten su mejor efecto. Aun así sigo pensando que aún tarde o a destiempo siempre es mejor reaccionar, siempre es mejor no dejar pasar para siempre el descanso de decir gracias, de abrazar, de pedir perdón… A veces hacerlo tendrá más o menos trascendencia para el que recibe el gesto, a veces, por llegar tarde, parecerá forzado, pero al menos, descansará mi conciencia, me permitirá quedarme con menos remordimientos que si para siempre fuese acumulando las cosas que nunca dije, los abrazos que nunca di o las lágrimas que nunca lloré. Así, ya sólo acumularé el pesar de no haberlo hecho cuando debía.

Hoy, de camino hacia el trabajo, enredada en pensar si podría ser hoy el día en el que encontrase el momento, mientras organizaba mentalmente las horas del día, la tarea en la oficina, el poco tiempo que hoy les tocará a los niños y a él, la compra, la cena y la ropa por colocar, me propuse firmemente dedicar unos minutos a saldar una pequeña pero importante deuda. Tenía que decirle gracias a Belén, a la compañera de sombra esbelta, inquieta y cambiante, a esa que con frecuencia regala su hermosa voz y generosa sonrisa, por haber pensado en que quizás yo, ya que me gusta la música, podría disfrutar de la entrada que ella no podía utilizar para el concierto de “Voces Femeninas”.

He disfrutado, Belén. Me ha gustado, como siempre me gusta, descubrir nuevos mundos musicales, explorar el viaje folk por un sendero amable de Islandia a través la voz de Òlöf Arnalds y recorrer después el mundo entero, desde una tribu africana hasta las raíces del jazz o del rhythm & blues, pasando un rato por una sofisticada sala con música electro-punk, en algún lugar de Nueva York o de Londres. Ese onírico paseo lo pude hacer desde una butaca (con ganas en muchos momentos de hacerlo de pie) observando sorprendida a las tUnE-yArDs. Siempre viajar y descubrir nuevos sonidos es para mí agradable, si además ocurre así, por sorpresa, porque una buena compañera simplemente ha pensado en que quizás yo podría disfrutarlo, entonces es aún más maravilloso.

Así que gracias Belén y felicidades!… tú ya sabes por qué

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