De compras (vol. 3)

family folks all the lost causes

Desde hace meses viene cristalizando en Vigo un nuevo proyecto, protagonizado por unos irreductibles de la escena viguesa, que ha acabado por materializarse en un primer disco de los que acaban orgullosos en los estantes de los mejores coleccionistas.
Me refiero a “All the lost causes” (Gazteluoeku Hotsak, 2016) de Family folks, un dúo vigués que, a fuerza de convertir las orillas de la ría de Vigo en las riberas del mismísimo Mississipi, han conseguido crear este ejercicio de estilo, lleno de una autenticidad abrumadora y, lo que es mejor aún, de magníficas canciones que se quedan en la memoria a la misma velocidad que los grandes clásicos.
Un par de conciertos previos y un último directo en el que definitivamente presentaban el disco nos convencieron de comprar esta pequeña joya, en la que pronto encontramos un montón de virtudes. Primero, un conocimiento enciclopédico de lo que quieren crear: un clasicismo de raíces norteamericanas lleno de country, folk, blues, bluegrass, rhythm’n’blues y todos aquellos ritmos que, desde la unión contranatura de blancos y negros en los campos de algodón, han servido de cuna para el nacimiento de toda la música popular del siglo XX. Segundo, un dominio eficaz de multitud de instrumentos, y, por si no fuera suficiente, un amplio catálogo de amigos y colaboradores que han enriquecido aún mas el vestido musical de las canciones. Y tercero, y más importante, diez canciones bien construidas que funcionan en el cerebro del espectador y que se pegan a él como la espuma a los remolinos.
“All the lost causes” no funciona solo para los amantes del género: asegura un buen rato de disfrute para todos los públicos. Gran disco.

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Madrid PopFest

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Este año tuvimos la oportunidad de vivir una nueva aventura Octopus con nuestros peques. Si bien es cierto que nos habían acompañado ya en algunos festivales (dos veces al Sinsal y una vez, al menos la mayor, al Vigotransforma), habían sido festivales de día y a cielo abierto. Este año, cuando supimos que en la organización del Madrid Popfest se habían involucrado algunos amigos nuestros, decidimos proponer a los peques la posibilidad de un viaje relámpago a Madrid (ciudad que no conocían), disfrutando a la vez de un festival con el mágico aliciente de poder ver en directo a Parade, uno de sus grupos favoritos.

La propuesta fue acogida fenomenalmente por toda la familia, así que nos pudimos manos a la obra. Y a la hora de comer del viernes 11 de marzo, toda la familia Octopus estábamos en Madrid, comiendo unos tacos en el barrio de Tetuán, y preparándonos para un fin de semana de vértigo.

La tarde la dedicamos a conocer los sitios que todo turista en Madrid debe ver: la puerta de Alcalá, la Cibeles, el Paseo del Prado, la Gran Vía, la Plaza de España, el templo de Debot, la Plaza Mayor, el Mercado de San Miguel, la Puerta del Sol… una inmensa pateada que los niños completaron como campeones, acabando en un estado mucho mejor que el nuestro. Llegada ya la hora de los primeros conciertos, la familia se retiró al hotel mientras yo hacía de avanzadilla y me acercaba a la sala Taboo a disfrutar del primer día de conciertos.

No llegué a ver a Los animalitos del bosque, pero una jovencísima reportera me dijo que estuvieron muy divertidos. Hazte lapón no me llegaron a enganchar, Horsebeach estuvieron fantásticos, pero mi sorpresa llegaba al ver a Sierra. Hacía mucho tiempo que no recibía un shock tan imponente de un grupo al que nunca había escuchado. Con la rabia y la insolencia de unos primigenios Ilegales, ofrecieron 40 minutos de punk estratosférico. La noche se cerraba con Colour me wednesday, que también estuvieron enormes, con una energía y una simpatía que contagiaron al público.

Al día siguiente nos acercamos al Retiro, para que los niños lo conocieran y además para encontrarnos con algunos familiares nuestros que por casualidad estaban en Madrid. Tras pasear por el parque, hacernos fotos, ver famosos y hasta hacer la pijada de navegar en barca, corrimos a la sesión vermú del festival, sin fortuna porque cuando llegamos el aforo estaba completo y no pudimos entrar. Mientras comíamos en un magnífico italiano de la zona, nos iban llegando noticias del momento histórico que Francisco Nixon estaba dejando en el interior de El chico feo: una comunión especial con el público que hizo de esa sesión uno de los momentos del festival para casi todo el mundo. Algo a mejorar: que no haya problemas de cupos y que no pueda haber gente que se pierda ese tipo de cosas.

La tarde fue para ver el Reina Sofía: los niños querían ver el Guernika de verdad. Y aunque el peque acabó bastante cansado al acabar la tarde nos fuimos a los conciertos que nos quedaban por delante. Puzzles y dragones no nos gustaron demasiado, Jessica & the fletchers estuvieron muy bien y Brideshead lo intentaron pero se encontraron con algún intangible que les impidió conectar. Quizá mis expectativas con Red sleeping beauty eran tan altas que me acabaron desilusionando, y aunque hubo momentos de gran belleza no me acabaron de enganchar y pasé el rato hablando con amigos, comprando camisetas para los niños y haciendo el tonto.

Y finalmente llegó el momento más esperado: Parade. La familia Octopus nos apostamos contra la barandilla justo al lado del teclista, y pegamos un brinco de felicidad: “Primer contacto” era la primera canción que iba a sonar. Aunque parezca imposible, nosotros (los Octopus mayores) no habíamos visto nunca a Parade en concierto, y los peques lógicamente tampoco, así que casi parecía dedicado a nosotros: era efectivamente nuestro primer contacto con el genio. Posteriormente fueron cayendo un montón de hits salpicados con las canciones del nuevo disco, algunas de ellas a la misma altura que los grandes éxitos, como “Demasiado humano” o “Láser”. Parece mentira que después de tantos años aún se pudiera conseguir una comunión con el público tan fuerte como la que se dio esa noche; el momento culminante fue “Metaluna”, mientras la escuchaba y todos la cantábamos a voz en grito, me preguntaba cuantos momentos de felicidad había provocado aquella canción en las calles del barrio en el que estábamos. “Níquel cromo” fue otro gran momento, con Antonio arengando a las masas (a su manera).

En fin, una maravillosa aventura, mezclando turismo, amigos y música; una nueva colección de recuerdos que ocuparán su sitio en los recuerdos de la familia. Un festival diferente con una propuesta diferente, que acabó con un sobresaliente y en el que (al menos de puertas afuera) todo salió a pedir de boca. Tanto es así que los pequeños Octopus quieren repetir el año que viene.

Más vale tarde…

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Aunque me cueste admitirlo, con frecuencia llego tarde. Es uno más de los múltiples defectos con los que, cuando me haga mayor, tendré que aprender a convivir. No la es falta de puntualidad mi verdadero problema, pues ese tendría fácil arreglo; es, más bien, la falta de oportunidad, aquello de no hacer las cosas cuando hay que hacerlas, cuando surten su mejor efecto. Aun así sigo pensando que aún tarde o a destiempo siempre es mejor reaccionar, siempre es mejor no dejar pasar para siempre el descanso de decir gracias, de abrazar, de pedir perdón… A veces hacerlo tendrá más o menos trascendencia para el que recibe el gesto, a veces, por llegar tarde, parecerá forzado, pero al menos, descansará mi conciencia, me permitirá quedarme con menos remordimientos que si para siempre fuese acumulando las cosas que nunca dije, los abrazos que nunca di o las lágrimas que nunca lloré. Así, ya sólo acumularé el pesar de no haberlo hecho cuando debía.

Hoy, de camino hacia el trabajo, enredada en pensar si podría ser hoy el día en el que encontrase el momento, mientras organizaba mentalmente las horas del día, la tarea en la oficina, el poco tiempo que hoy les tocará a los niños y a él, la compra, la cena y la ropa por colocar, me propuse firmemente dedicar unos minutos a saldar una pequeña pero importante deuda. Tenía que decirle gracias a Belén, a la compañera de sombra esbelta, inquieta y cambiante, a esa que con frecuencia regala su hermosa voz y generosa sonrisa, por haber pensado en que quizás yo, ya que me gusta la música, podría disfrutar de la entrada que ella no podía utilizar para el concierto de “Voces Femeninas”.

He disfrutado, Belén. Me ha gustado, como siempre me gusta, descubrir nuevos mundos musicales, explorar el viaje folk por un sendero amable de Islandia a través la voz de Òlöf Arnalds y recorrer después el mundo entero, desde una tribu africana hasta las raíces del jazz o del rhythm & blues, pasando un rato por una sofisticada sala con música electro-punk, en algún lugar de Nueva York o de Londres. Ese onírico paseo lo pude hacer desde una butaca (con ganas en muchos momentos de hacerlo de pie) observando sorprendida a las tUnE-yArDs. Siempre viajar y descubrir nuevos sonidos es para mí agradable, si además ocurre así, por sorpresa, porque una buena compañera simplemente ha pensado en que quizás yo podría disfrutarlo, entonces es aún más maravilloso.

Así que gracias Belén y felicidades!… tú ya sabes por qué

Las sorpresas del Sinsal

WP_20140726_001Un año más nos hemos dado el gustazo de acudir a la cita del Festival Sinsal, en el que probablemente sea uno de los lugares más bonitos y llenos de encanto y de historia en el que bandas indies y no indies de la escena internacional hayan tocado jamás, la Isla de San Simón. Si refiriese lo anterior con expresión más modesta, probablemente aparcería, más pronto que tarde, en la wikipedia, un enlace al párrafo como ejemplo para ilustrar lo que significa la expresión “falsa modestia”. Tal probabilidad aumentaría si aludiese “sin sal”, sin decir que más que un gustazo es un lujazo, a la buena organización y, sobre todo, a la genial capacidad para sorprender al público con una selección de bandas gourmet. Creo que pocos serán los que puedan salir del festival sin haber descubierto algo que añadir a su lista de “me lo pido” mientras lo común y corriente en el entorno festivalero es asistir con el “ya lo tengo” y “ya lo he visto” en la punta de la lengua. No tiene por qué estar mal, pero lo primero es mejor, creedme.

Comenzamos el banquete musical descubriendo, como entrante a Bel Bee Bee. Disfrutamos de que su anunciada juventud no impidiese identificar referencias musicales de siempre, fuese o no intencionadamente, Cocteau Twins, por ejemplo, más en la voz y forma de cantar que en la música. En lo musical llama la atención el equilibrio en el reparto de protagonismos entre los instrumentos, sin aburrir con virtuosismos inútiles. La batería nos regaló momentos especialmente brillantes. Sumando, teclado y guitarra. Perfecto inicio.

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De segundo plato Jambinai. Post rock intenso con rasgos orientales y una variedad instrumental que añadía magia y exotismo a la estampa sonora. Con ellos, tras un tiempo de absurdo olvido por mi parte, recordé los mejores momentos de bandas como Godspeed You! Black Emperor. Cinco sobre el escenario mezclando momentos tan bucólicos como el entorno, brisa de mar, luz atlántica (como diría Apenino) y enormes árboles meciendo sus hojas lentamente, con explosiones de ruido que bien podrían ayudar a hacer memoria de este mismo entorno, del horror vivido en la isla en sus años más oscuros, no hace demasiado tiempo.

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Reivindicando memoria y removiendo conciencias, en el cementerio nos encontramos a Marco Maril, Apenino, con su cercanía habitual, con su sinceridad y la sensibilidad a flor de piel. Por algún motivo, quizás me equivoque (le pido disculpas si así fuera;-), se presentó con más ganas que nunca de mostrar su identidad sin ambages, de mostrar como parte de si, su lugar, su idioma y el mar, que baña, cada vez más, las letras de sus canciones.

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Continuamos haciendo incursiones en el lado oscuro acercándonos a Chelsea Wolfe. Aparecen en el escenario invadiendo el ambiente a las cuatro de la tarde con estética gótica y consiguen, lo digo sin ironía, que nos lo creamos. Tiene realmente mérito. No entiendo del todo bien, debe ser la edad, que la estética de la cantante consiga lugar destacado en las revistas de tendencias, como apuntaban las pistas del concierto. Chelsea es bella, muy bella, no hay duda, y el gótico siempre causa impacto, pero el estilo está creado desde hace mucho tiempo y yo diría incluso que, en sus círculos, ha permanecido. Quizás sea un buen estímulo para ganar adeptos para esta corriente y ya de paso, bajamos un poquito el furor hipster… que no estaría mal. Sonaron bien y mezclan con muy buen gusto y calidad interpretativa sonidos que nos traen reminiscencias tanto de buenas bandas trip hop como, de nuevo, de buen post rock y rock onírico.

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Ginger and the ghost rompieron con el lado oscuro que les antecedía y pusieron la nota de color a la tarde. The ghost aportaba parte de la música, que no está mal. Con Ginger, aunque me sale algún que otro perjuicio al barroquismo estético del atrezzo de la cantante, enseguida se ganó con su buen rollo las sonrisas más amables del público, la mía también. Además del buen rollo y la ornamentación, Missy, que así supimos después que se llama la solista torbellino de escenario, tiene una potente voz en la que recala toda, o muy buena parte de la personalidad del dúo. Daniel tímidamente levanta un brazo y sonríe para despedirse. Pues hasta la próxima, me gustará volver a veros!

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Y llegaron los que para mi fueron la mejor sorpresa del festival, Jacco Gardner. Todo vuelve ¿no? ¡Qué bonito sonaron estos chicos!! Reminiscencias californianas para unos holandeses que se pasaron a recoger good vibrations por L. A. y se las trajeron a San Simon para compartirlas con los sinsaleros. Pese al sonido surf predominante, una pizca Beatle (de su lado más Lennon) y arreglos de órgano recordando a los mejores The Doors, a pesar también de que la primera impresión es la de estar ante un grupo cargado de referencias de décadas pasadas, Jacco Gardner han puesto un algo nuevo en su psicodelia pop. Suenan frescos, relajantes ¡perfectos! Me encantaron y a pesar de que tuvieron algún problemilla con el sonido, esto también tuvo su nota de gracia, pues mientras se solucionaba, vimos al bajista cantando un trocito de “The Continuing Story of Bungalow Bill” (The Beatles).

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Con Blam de Lam empecé a notar las horas y la acumulación de conciertos. Esto, sumado al impacto del descubrimiento anterior, hizo que mi atención fuese, desde ese momento, claramente decreciente. Ya sólo volví a conectar con los conciertos cuando les tocó el turno a los míticos Wire. Los Freakstylers pusieron, para mi gusto, la nota festiva, con un punto gracioso, pero nada más. Realmente no me sentí muy conectada durante su actuación, pero eso sí, era agradable ver a la gente con la sonrisa puesta y bailoteando. Con los talludos, demonios y sabios Wire se armó la traca, llegó la guinda del día perfecto. Sin ser fan de la banda, asistí al concierto con sensaciones algo contradictorias, frente a las ganas de pararme en seco y concentrar toda mi atención en lo que estaba viendo y oyendo, como una estudiante aplicada ante una clase magistral de su mejor profesor, el punto punk se comió al público y hipsters y poperos se peinaron las crestas para hacer pogo en las primeras filas. Temiendo por los pies de mi niña, nos hicimos a un lado, a saltar también y a pasárnoslo genial ¡sin dejar de estar en primera fila!… Eva, hija, no te pierdas esto, no lo borres de la memoria, que es una de las grandes bandas de los últimos cuarenta años!!! Y antes de que terminase, ya con la última o penúltima canción, con unos adornos florales que Missy, enseñó cómo hacer a Mario y a Eva y con mucho pesar de nuestros corazones por las cosas buenas que se terminan, volvimos a tomar el barco destino a San Adrián, especulando en silencio sobre sorpresas deseables para el año que viene.

La postal sonora de Sinsal en San Simón

Quedan pocos días para el festival Sinsal en la isla de San Simón, una fecha que se ha convertido ya en una cita ineludible en el verano gallego, incluso (o incluso con más razón) si tienes niños. Para celebrarlo y abrir boca, Marco Apenino ha creado una pieza sonora a partir de sonidos grabados en la propia isla y de la voz de Mónica Vacas (de Mus). Esta pieza, que evoca quizá ese momento en el que todos esperamos el barco al final del día, con el sol del atardecer detrás de Rande, estará disponible en un curioso formato físico los propios días del festival: en modo postal sonora.

Los que queráis saber qué era una postal sonora y cómo suena la canción oficial de Sinsal San Simón, solo tenéis que visitar esta web.

cartel san simo´n

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