Metronomy – Salted Caramel Ice Cream

En Junio de este año Metronomy publicaba su último disco, “Metronomy forever”. El grupo que nos enamoró con el video de “The look” sigue entregando canciones de pop juguetón con bases electrónicas, como esta “Salted caramel ice cream”, presentada junto a un video apto para todos los públicos que parece un episodio concentrado de cualquier serie de la factoría Disney, con sus malos que no son tan malos al final, sus buenos, sus niños, su diversidad racial, sus infantiles equívocos y su final feliz.

 

¡Esto es pop! por Javier Becerra

Javier es amigo del Octopus desde hace una enormidad de años. Desde aquellos primeros intercambios entre su maravilloso fanzine, el Feedback, y nuestros pequeños ejemplares, muchas han sido las ocasiones en las que nos hemos encontrado en conciertos, fiestas, saraos, o simplemente hemos coincidido tomando unas copas en algún local con buena música.

Javi es una verdadera enciclopedia musical y un tipo con muy buen gusto, lo que le ha llevado a conseguir hacer de hablar de música su profesión. Colaborador de La Voz de Galicia en temas musicales, nos sorprendía además este año con una capacidad de la que no habíamos sospechado nada: es un gran comunicador al que, además, le encantan los niños.

De todo eso ha nacido (se publicaba ayer mismo) un libro titulado “¡Esto es pop!”, un libro que recoge 25 historias de los grupos más importantes de la historia del pop explicadas y desarrolladas para el público infantil. Sí, ese público que creemos que solo tiene oídos para los Cantajuegos y para la sintonía de inicio de Bob Esponja, pero que es capaz de disfrutar (¡y de qué manera!) con Beatles, David Bowie o… Beyoncé. Un libro ilustrado por la magnífica artista Catuxa Alonso y publicado por Mont Ventoux.

Un libro que además tiene (ya dijimos que es un gran comunicador para los más pequeños) una vertiente “en directo”, ya que Javier organiza multitud de eventos en los que explica, de viva voz, acompañado con la música correspondiente, y dejando libre el cuerpo para bailar, esas pequeñas grandes historias que recoge en el libro. Eventos realizados para público general, o directamente en colegios, y en los que cuando es posible cuenta con artistas para tocar en directo, como la gran Carolina Rubirosa. Directos en los que los niños bailan y se divierten con música de otras épocas, demostrando que tienen las orejas mucho más abiertas que muchos mayores y que el pop es maravilloso porque no tiene edad.

¡Enhorabuena, Javi!

 

 

Linea 900 – Música para niños

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Para inaugurar nuestra sección #linea900 contamos con una petición muy especial de nuestro amigo @jsalazarduran: música para niños.

La verdad es que, para un aficionado a la música, es todo un reto afrontar la educación musical de un hijo. ¿Qué tipo de música le gustará? ¿Qué música le puedo poner? ¿Debo forzarle a escuchar lo que a mi me gusta o debo dejarle que siga su criterio aunque a mí no me guste? Lo que he aprendido a lo largo de estos años que llevo de padre es que lo realmente importante es crear, alrededor de los hijos, un ambiente musical, en el que la música tenga importancia y sea parte de su vida tanto como lo es de la nuestra; de esa manera, su educación musical ira siempre creciendo y estará preparado para elegir su música favorita con su mejor criterio. Es decir: como siempre, lo mas adecuado es prepararlos para que puedan elegir por si mismos.

Hay cuatro cosas que convierten al hecho de elegir una música para que escuchen tus hijos en un proceso maravilloso:

  • su mente esta completamente limpia y libre de prejuicios: para tu hijo no existe el indie ni el mainstream, no existe la música “buena” ni la “mala”, no existe la pachanga ni lo alternativo, no existe lo que “se puede escuchar” y lo que no. Tu hijo afronta la escucha de cada canción nueva y de cada grupo nuevo como una aventura totalmente nueva, y le gustará o no según sus propias sensaciones, y no a través de un filtro de prejuicios y pensamientos preestablecidos.
  • la música es diversión: esta sentencia es tan simple que a nosotros, los mayores, se nos ha olvidado. Lo que busca tu peque en la música es divertirse, bailar, cantar, tararear, reír, ser gamberro. Lo que busca tu peque en la música es entretenerse.
  • no existen reglas: es imposible estar seguros de acertar, lo que a nosotros nos parece lógico que les guste puede dejarles indiferentes, y lo que pensamos que no les va a gustar puede acabar siendo su música favorita. Por supuesto que en muchas ocasiones coincidiremos, pero no penséis que va a ser fácil porque no lo es: siempre te sorprenden.
  • los niños tienen un gusto exquisito: si crees que porque tenga 6 o 7 años no va a ser capaz de reconocer una buena canción, vas listo. Los niños no son tontos ni insensibles, y tienen absoluta capacidad para elegir, entre toda la basura que le pones, aquellas que son de verdad maravillosas obras de arte. Ah, y además te lo hacen saber.

Sabido todo esto, voy a listar aquí algunos ejemplos de grupos que les gustan a mis hijos, recordando de nuevo lo mas importante: NO HAY REGLAS, así que estos grupos que os pongo aquí lo mas probable es que a tus hijos no les gusten. O si.

  • Parade: quizá sea una elección obvia, debido a que sus letras están en castellano y hablan de robots, viajes espaciales y niños zombie. Mis hijos llevan escuchando a Parade desde muy muy pequeños, y sus canciones triunfaron desde el primer momento.
  • Rusos blancos: una tarde estaba escuchando el disco en el coche y nada mas empezar la primera canción el peque ya estaba tarareando el estribillo (no debía tener ni tres anos); a partir de entonces, el idilio continuó, aunque he de decir que sus últimos discos les dejan bastante indiferentes (¿recordáis lo que os decía del gusto exquisito?).
  • Dinosaur Jr: los gritosos, que les llaman; esa parte gamberra de los peques sale a la luz cuando les pones grupos con volumen, guitarrazos y pose rock.
  • Depeche mode: tenemos un disco con buena parte de la discografía en MP3 y nunca sale del coche, cada poco tiempo volvemos a él.
  • Juana Molina: mi hija mayor dice que la pone para dormir desde hace tiempo.
  • The beatles: mi padre me transmitió el amor por The beatles y es mi obligación como padre transmitírselo a mis hijos, y doy fe de que lo he conseguido.
  • Blur: el “Parklife” es uno de los discos que mejores momentos nos ha dado.

Luego te van pidiendo de vez en cuando que les pongas cosas sueltas que les gustan: The rapture, Lightning seeds, Josh Rouse, Belle & Sebastian, The wellgreen, un disco de la RDL del ano pasado con Joanna Newsom, FFS, Alabama shakes, Purity ring, Grimes, etc., Duncan dhu… Lógicamente también tienen sus propios favoritos dentro de la música hecha para ellos: One direction, Taylor Swift, The vamps, Furious monkey house… ¿Os acordáis de lo que decía de la mente limpia? Así me devuelven parte de lo que yo les doy y, abriendo mi propia mente, descubro cosas que por mi mismo nunca habría escuchado.

En fin, iniciar a un niño en el mundo de la música es una labor apasionante, en la que yo también he aprendido mucho. Y que creo que voy consiguiendo: como dije en Twitter este verano, cuando vuelves de un concierto con tus hijos en el coche y vais todos cantando a voz en grito canciones de Blur, es que lo estás haciendo bien.

¿Os animáis a poner en los comentarios qué grupos les gustan a vuestros hijos?

 

Parade – Demasiado humano

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No me duelen prendas en admitir que me había desenganchado mucho de Parade; los discos de la época Jabalina no me llegaban a llenar, y de manera justa o injusta, según se mire, buscaba en ellos la maravillosa magia que desbordaba “Inteligencia artificial” o “Consecuencias de un mal uso de la electricidad”, sin encontrarla más que en pequeños destellos. Supongo que yo seguía buscando a una divinidad, mientras el músico se iba haciendo demasiado humano.

Así las cosas, imagínense ustedes mi gozo y alborozo cuando, al escuchar este “Demasiado humano”, volví a enamorarme de las canciones de Parade. Apoyado en una elegantísima electrónica, y recubierto por una capa brillante de azulejos lacasazulados, el nuevo material de Parade magnetiza de nuevo los corazones y electrifica otra vez las almas. Desde la vitalista “Traedme la cabeza de Phillip K. Dick” hasta la verbena de “El ritmo escarlata”, pasando por el maravilloso estribillo de “Cementerio nuclear en la pequeña ciudad” o la épica de “Novia del motorista fantasma”, todas las canciones cumplen su cometido: arropar a tres nuevos clásicos inolvidables del músico murciano.

Porque, desde ya, eso es lo que son “Laser” (quizá la reacción inevitable a la acción de “No más rocanrol”), “Johnny Ramone, agente de la KGB” (quizá la inesperada continuacion paranoide de “El informe”) y, sobre todo, “Demasiado humano”, una de las letras más hermosas que ha escrito y, quizá, la consecuencia lógica de la llegada a la madurez del ejército de robots que Antonio ha ido montando a lo largo de los años. Tres clásicos infalibles, inexplicables, imborrables.

Madrid PopFest

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Este año tuvimos la oportunidad de vivir una nueva aventura Octopus con nuestros peques. Si bien es cierto que nos habían acompañado ya en algunos festivales (dos veces al Sinsal y una vez, al menos la mayor, al Vigotransforma), habían sido festivales de día y a cielo abierto. Este año, cuando supimos que en la organización del Madrid Popfest se habían involucrado algunos amigos nuestros, decidimos proponer a los peques la posibilidad de un viaje relámpago a Madrid (ciudad que no conocían), disfrutando a la vez de un festival con el mágico aliciente de poder ver en directo a Parade, uno de sus grupos favoritos.

La propuesta fue acogida fenomenalmente por toda la familia, así que nos pudimos manos a la obra. Y a la hora de comer del viernes 11 de marzo, toda la familia Octopus estábamos en Madrid, comiendo unos tacos en el barrio de Tetuán, y preparándonos para un fin de semana de vértigo.

La tarde la dedicamos a conocer los sitios que todo turista en Madrid debe ver: la puerta de Alcalá, la Cibeles, el Paseo del Prado, la Gran Vía, la Plaza de España, el templo de Debot, la Plaza Mayor, el Mercado de San Miguel, la Puerta del Sol… una inmensa pateada que los niños completaron como campeones, acabando en un estado mucho mejor que el nuestro. Llegada ya la hora de los primeros conciertos, la familia se retiró al hotel mientras yo hacía de avanzadilla y me acercaba a la sala Taboo a disfrutar del primer día de conciertos.

No llegué a ver a Los animalitos del bosque, pero una jovencísima reportera me dijo que estuvieron muy divertidos. Hazte lapón no me llegaron a enganchar, Horsebeach estuvieron fantásticos, pero mi sorpresa llegaba al ver a Sierra. Hacía mucho tiempo que no recibía un shock tan imponente de un grupo al que nunca había escuchado. Con la rabia y la insolencia de unos primigenios Ilegales, ofrecieron 40 minutos de punk estratosférico. La noche se cerraba con Colour me wednesday, que también estuvieron enormes, con una energía y una simpatía que contagiaron al público.

Al día siguiente nos acercamos al Retiro, para que los niños lo conocieran y además para encontrarnos con algunos familiares nuestros que por casualidad estaban en Madrid. Tras pasear por el parque, hacernos fotos, ver famosos y hasta hacer la pijada de navegar en barca, corrimos a la sesión vermú del festival, sin fortuna porque cuando llegamos el aforo estaba completo y no pudimos entrar. Mientras comíamos en un magnífico italiano de la zona, nos iban llegando noticias del momento histórico que Francisco Nixon estaba dejando en el interior de El chico feo: una comunión especial con el público que hizo de esa sesión uno de los momentos del festival para casi todo el mundo. Algo a mejorar: que no haya problemas de cupos y que no pueda haber gente que se pierda ese tipo de cosas.

La tarde fue para ver el Reina Sofía: los niños querían ver el Guernika de verdad. Y aunque el peque acabó bastante cansado al acabar la tarde nos fuimos a los conciertos que nos quedaban por delante. Puzzles y dragones no nos gustaron demasiado, Jessica & the fletchers estuvieron muy bien y Brideshead lo intentaron pero se encontraron con algún intangible que les impidió conectar. Quizá mis expectativas con Red sleeping beauty eran tan altas que me acabaron desilusionando, y aunque hubo momentos de gran belleza no me acabaron de enganchar y pasé el rato hablando con amigos, comprando camisetas para los niños y haciendo el tonto.

Y finalmente llegó el momento más esperado: Parade. La familia Octopus nos apostamos contra la barandilla justo al lado del teclista, y pegamos un brinco de felicidad: “Primer contacto” era la primera canción que iba a sonar. Aunque parezca imposible, nosotros (los Octopus mayores) no habíamos visto nunca a Parade en concierto, y los peques lógicamente tampoco, así que casi parecía dedicado a nosotros: era efectivamente nuestro primer contacto con el genio. Posteriormente fueron cayendo un montón de hits salpicados con las canciones del nuevo disco, algunas de ellas a la misma altura que los grandes éxitos, como “Demasiado humano” o “Láser”. Parece mentira que después de tantos años aún se pudiera conseguir una comunión con el público tan fuerte como la que se dio esa noche; el momento culminante fue “Metaluna”, mientras la escuchaba y todos la cantábamos a voz en grito, me preguntaba cuantos momentos de felicidad había provocado aquella canción en las calles del barrio en el que estábamos. “Níquel cromo” fue otro gran momento, con Antonio arengando a las masas (a su manera).

En fin, una maravillosa aventura, mezclando turismo, amigos y música; una nueva colección de recuerdos que ocuparán su sitio en los recuerdos de la familia. Un festival diferente con una propuesta diferente, que acabó con un sobresaliente y en el que (al menos de puertas afuera) todo salió a pedir de boca. Tanto es así que los pequeños Octopus quieren repetir el año que viene.

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