De compras (vol. 3)

family folks all the lost causes

Desde hace meses viene cristalizando en Vigo un nuevo proyecto, protagonizado por unos irreductibles de la escena viguesa, que ha acabado por materializarse en un primer disco de los que acaban orgullosos en los estantes de los mejores coleccionistas.
Me refiero a “All the lost causes” (Gazteluoeku Hotsak, 2016) de Family folks, un dúo vigués que, a fuerza de convertir las orillas de la ría de Vigo en las riberas del mismísimo Mississipi, han conseguido crear este ejercicio de estilo, lleno de una autenticidad abrumadora y, lo que es mejor aún, de magníficas canciones que se quedan en la memoria a la misma velocidad que los grandes clásicos.
Un par de conciertos previos y un último directo en el que definitivamente presentaban el disco nos convencieron de comprar esta pequeña joya, en la que pronto encontramos un montón de virtudes. Primero, un conocimiento enciclopédico de lo que quieren crear: un clasicismo de raíces norteamericanas lleno de country, folk, blues, bluegrass, rhythm’n’blues y todos aquellos ritmos que, desde la unión contranatura de blancos y negros en los campos de algodón, han servido de cuna para el nacimiento de toda la música popular del siglo XX. Segundo, un dominio eficaz de multitud de instrumentos, y, por si no fuera suficiente, un amplio catálogo de amigos y colaboradores que han enriquecido aún mas el vestido musical de las canciones. Y tercero, y más importante, diez canciones bien construidas que funcionan en el cerebro del espectador y que se pegan a él como la espuma a los remolinos.
“All the lost causes” no funciona solo para los amantes del género: asegura un buen rato de disfrute para todos los públicos. Gran disco.

Novedades Carminha – Juventud infinita

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Cuando yo era un chavalito de 13 años, en mi instituto había que retratarse: o eras de Duncan Dhu o eras de Siniestro Total. No valían medias tintas: o cantabas “tus miradas donde irán” o cantabas “Ayatollah no me toques la pirola”. La vida era sencilla en aquellos días.

El equivalente en este 2014 quizá sea la siguiente disyuntiva: o eres de Band à part o eres de Novedades Carminha. Claro que yo ya no tengo 13 años, y ahora sé que no hay que quedarse solo con uno. Y aún así, yo lo tengo claro: yo soy de Novedades Carminha. Porque es cierto, han pasado 30 años; pero es que la juventud es infinita.

No llevábamos ni un par de escuchas completas al tercer disco de Novedades Carminha y ya estábamos convencidos: era el disco del año. Mis hijos y yo, me refiero. Y eso que ellos no pueden cantar las letras enteras, que están llenas de palabrotas. Pero se las arreglan y hacen suyos himnos como “Non quito o chandal” o “Antigua pero moderna”. Y mientras yo disfruto con decenas de frases lapidarias, verdades como puños, que en su brevedad y concisión demuestran su sabiduría: “O follamos todos o me tiro al río, donde están mis amigas cuando las necesito”; “te vistes de abuela y bailas psicodelia”; “desde que eres indie te noto apagada”…

Si en los ochenta eras de Siniestro total, Novedades Carminha son tu grupo; si en aquel momento eras de Duncan Dhu, date cuenta de que has crecido y lucha contra las canas con esta “Juventud infinita”.

Adiós, Coppini

F201312251237373532208811Desgraciadamente, va siendo costumbre en el Octopus el ponerse unos días de luto durante el invierno. En este final de 2013, el protagonista es Germán Coppini, fallecido el pasado día de Nochebuena, en un momento en el que planeaba volver al panorama musical poniendo su inolvidable voz al frente de un nuevo proyecto.

Pocos cantantes me han acompañado tanto a lo largo de mi vida. Pasé mis 11 años debatiéndome entre unirme a la pandilla de los macarras, cantando “Ayatola no me toques la pirola” y “Las tetas de mi novia no tienen cancer de mama”, o unirme al lado sensible entonando las “Canciones” de Duncan dhu. Descubrí a los 12 años el mundo nuevo de los videoclips con “Fiesta de los maniquíes”. Tenía 15 cuando llegó a casa el “Devocionario”, que fue junto a algunos discos originales de los Beatles y el “Disintegration” uno de los vinilos más pinchados en mi casa cuando pasaba solo las tardes de frustrada adolescencia.

Tenía 40 cuando pasé semanas reescuchando y cantando a voz en grito todas sus grabaciones, reunidas en ese doble CD que supongo que tiene todo el mundo…

Desde aquí, desde Vigo, se siente un poco más su pérdida. Golpes bajos fueron únicos, irrepetibles, cultos y barriobajeros a la vez. Y Germán construyó todo aquello. O por lo menos allí estuvo, mientras le recalentaban la cena.

“Regalos amontonados, Hansel y Gretel están llorando,
las hadas buenas ya se han marchado”

Maryland – Los años muertos

Maryland

Muchos nos habéis leído aquí criticar a Maryland, a causa de un excesivo mimetismo con sus mentores, Sexy Sadie. Es hora ya de rectificar, que es de sabios, porque (esta vez sí) Maryland han dado en el clavo y han salido de debajo de la mesa camilla con un disco que los coloca en una posición privilegiada en cuanto a grupos nacionales de 2013 se refiere.

No debíamos ir muy desencaminados cuando el propio Jaime Soriano de Sexy Sadie dedica varias líneas de la nota de promo del disco a explicar que él ya no los produce y que el quinteto vigués ha abandonado definitivamente el nido mallorquín. Pero tampoco vamos desencaminados cuando decimos que en “Los años muertos” vemos mucho más a referencias de otra índole como Nada surf o los propios Dinosaur Jr. Curioso, castellanizan las letras y americanizan las referencias. Están locos estos gallegos.

Guitarras potentes, estribillos sencillos y certeros y canciones que (en su justa medida) se pegan al cerebro con melodías que ya querrían ser capaces de sacar los Posies del 2013. Desde el pildorazo para empezar de “Los años muertos”, hasta la ENOOOOOORME “La caleta del sol” encontramos varios puntos para disfrutar: “Hoja de ruta”, dinosauriana y sebadiana a partes iguales, “Tiempos de azar” y su estribillo perfecto, “Pozo de almas” y su melena mascisiana… Trece acertadas canciones sobre las que construir un nuevo futuro. En Maryland, en Seattle, en Vigo o en cualquier otra parte.

Crónica fu-turística dun día calquera ao son de Mr. Magoo

a0871094723_2Avanzado o terceiro lustro do terceiro milenio as noites das Rías Baixas converteranse, como xa ocorrera case sete décadas atrás noutras latitudes, nun lugar por onde ningún bo pai autorizaría transitar aos seus fillos menores.

Todo comezara hai poucos anos cando, a varios centos de quilómetros de distancia, nun contexto social e económico marcado profundamente pola decadencia, a corrupción e a mediocridade das clases dirixentes, aparecera EUROJUEGAS. Este espazo estaba exceptuado da aplicación de moitas das normas que, aínda con dificultade, rexían a convivencia no resto do país: horarios, relacións laborais, xogo e apostas, alcohol, tabaco e outras drogas, prostitución, privilexios fiscais (máis)… todo podía ser explícita ou implicitamente permitido sempre e cando se dera unha condición, a cousa tiña que quedar ben acoutada xeográficamente. Non había risco, todo ía acontecer dentro das lindes dun submundo illado, impermeable ao resto do territorio. Ou iso era o que se dicía que se pensaba cando se promovera.

Como cabía agardar, moi pronto, en moitas outras zonas do Estado profundamente deprimidas, os paisanos preguntábanse por qué carallo non podía facerse o mesmo ás portas das súas casas, por qué se naquel estado de excepción ó fin e ao cabo se movía tanto diñeiro con plena aquiescencia dos poderes públicos, non había lugar a repetir o caso de éxito pola xeografía do Estado. Máis pronto que tarde, algunhas bandas que aínda lembraban ben cómo se organizaran as redes do narcotráfico nos anos oitenta, precisamente nas Rías Baixas, recobraron forzas co silencio cómplice dos que agardaban desesperadamente sacar a vida adiante como fora. Mentres tanto, os días vestían de normalidade unas noites cheas de intrigas, sombras e…

Lonxe de entender a Mr. Magoo e o seu “Little Sister” como unha banda calquera que nos trae un nostálxico rithm&blues, con este retrato imaxinario dos tempos, mil veces debuxado, outras tantas novelado, máis ben semellan visionarios, rescatando para tempos escuros sons que fan sempre as delicias de quen aprecia que un clásico tan oportuno pode chegar a resultar do máis innovador e romper os moldes.

(Autor: Rosa Fernández)

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