Las sorpresas del Sinsal

WP_20140726_001Un año más nos hemos dado el gustazo de acudir a la cita del Festival Sinsal, en el que probablemente sea uno de los lugares más bonitos y llenos de encanto y de historia en el que bandas indies y no indies de la escena internacional hayan tocado jamás, la Isla de San Simón. Si refiriese lo anterior con expresión más modesta, probablemente aparcería, más pronto que tarde, en la wikipedia, un enlace al párrafo como ejemplo para ilustrar lo que significa la expresión “falsa modestia”. Tal probabilidad aumentaría si aludiese “sin sal”, sin decir que más que un gustazo es un lujazo, a la buena organización y, sobre todo, a la genial capacidad para sorprender al público con una selección de bandas gourmet. Creo que pocos serán los que puedan salir del festival sin haber descubierto algo que añadir a su lista de “me lo pido” mientras lo común y corriente en el entorno festivalero es asistir con el “ya lo tengo” y “ya lo he visto” en la punta de la lengua. No tiene por qué estar mal, pero lo primero es mejor, creedme.

Comenzamos el banquete musical descubriendo, como entrante a Bel Bee Bee. Disfrutamos de que su anunciada juventud no impidiese identificar referencias musicales de siempre, fuese o no intencionadamente, Cocteau Twins, por ejemplo, más en la voz y forma de cantar que en la música. En lo musical llama la atención el equilibrio en el reparto de protagonismos entre los instrumentos, sin aburrir con virtuosismos inútiles. La batería nos regaló momentos especialmente brillantes. Sumando, teclado y guitarra. Perfecto inicio.

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De segundo plato Jambinai. Post rock intenso con rasgos orientales y una variedad instrumental que añadía magia y exotismo a la estampa sonora. Con ellos, tras un tiempo de absurdo olvido por mi parte, recordé los mejores momentos de bandas como Godspeed You! Black Emperor. Cinco sobre el escenario mezclando momentos tan bucólicos como el entorno, brisa de mar, luz atlántica (como diría Apenino) y enormes árboles meciendo sus hojas lentamente, con explosiones de ruido que bien podrían ayudar a hacer memoria de este mismo entorno, del horror vivido en la isla en sus años más oscuros, no hace demasiado tiempo.

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Reivindicando memoria y removiendo conciencias, en el cementerio nos encontramos a Marco Maril, Apenino, con su cercanía habitual, con su sinceridad y la sensibilidad a flor de piel. Por algún motivo, quizás me equivoque (le pido disculpas si así fuera;-), se presentó con más ganas que nunca de mostrar su identidad sin ambages, de mostrar como parte de si, su lugar, su idioma y el mar, que baña, cada vez más, las letras de sus canciones.

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Continuamos haciendo incursiones en el lado oscuro acercándonos a Chelsea Wolfe. Aparecen en el escenario invadiendo el ambiente a las cuatro de la tarde con estética gótica y consiguen, lo digo sin ironía, que nos lo creamos. Tiene realmente mérito. No entiendo del todo bien, debe ser la edad, que la estética de la cantante consiga lugar destacado en las revistas de tendencias, como apuntaban las pistas del concierto. Chelsea es bella, muy bella, no hay duda, y el gótico siempre causa impacto, pero el estilo está creado desde hace mucho tiempo y yo diría incluso que, en sus círculos, ha permanecido. Quizás sea un buen estímulo para ganar adeptos para esta corriente y ya de paso, bajamos un poquito el furor hipster… que no estaría mal. Sonaron bien y mezclan con muy buen gusto y calidad interpretativa sonidos que nos traen reminiscencias tanto de buenas bandas trip hop como, de nuevo, de buen post rock y rock onírico.

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Ginger and the ghost rompieron con el lado oscuro que les antecedía y pusieron la nota de color a la tarde. The ghost aportaba parte de la música, que no está mal. Con Ginger, aunque me sale algún que otro perjuicio al barroquismo estético del atrezzo de la cantante, enseguida se ganó con su buen rollo las sonrisas más amables del público, la mía también. Además del buen rollo y la ornamentación, Missy, que así supimos después que se llama la solista torbellino de escenario, tiene una potente voz en la que recala toda, o muy buena parte de la personalidad del dúo. Daniel tímidamente levanta un brazo y sonríe para despedirse. Pues hasta la próxima, me gustará volver a veros!

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Y llegaron los que para mi fueron la mejor sorpresa del festival, Jacco Gardner. Todo vuelve ¿no? ¡Qué bonito sonaron estos chicos!! Reminiscencias californianas para unos holandeses que se pasaron a recoger good vibrations por L. A. y se las trajeron a San Simon para compartirlas con los sinsaleros. Pese al sonido surf predominante, una pizca Beatle (de su lado más Lennon) y arreglos de órgano recordando a los mejores The Doors, a pesar también de que la primera impresión es la de estar ante un grupo cargado de referencias de décadas pasadas, Jacco Gardner han puesto un algo nuevo en su psicodelia pop. Suenan frescos, relajantes ¡perfectos! Me encantaron y a pesar de que tuvieron algún problemilla con el sonido, esto también tuvo su nota de gracia, pues mientras se solucionaba, vimos al bajista cantando un trocito de “The Continuing Story of Bungalow Bill” (The Beatles).

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Con Blam de Lam empecé a notar las horas y la acumulación de conciertos. Esto, sumado al impacto del descubrimiento anterior, hizo que mi atención fuese, desde ese momento, claramente decreciente. Ya sólo volví a conectar con los conciertos cuando les tocó el turno a los míticos Wire. Los Freakstylers pusieron, para mi gusto, la nota festiva, con un punto gracioso, pero nada más. Realmente no me sentí muy conectada durante su actuación, pero eso sí, era agradable ver a la gente con la sonrisa puesta y bailoteando. Con los talludos, demonios y sabios Wire se armó la traca, llegó la guinda del día perfecto. Sin ser fan de la banda, asistí al concierto con sensaciones algo contradictorias, frente a las ganas de pararme en seco y concentrar toda mi atención en lo que estaba viendo y oyendo, como una estudiante aplicada ante una clase magistral de su mejor profesor, el punto punk se comió al público y hipsters y poperos se peinaron las crestas para hacer pogo en las primeras filas. Temiendo por los pies de mi niña, nos hicimos a un lado, a saltar también y a pasárnoslo genial ¡sin dejar de estar en primera fila!… Eva, hija, no te pierdas esto, no lo borres de la memoria, que es una de las grandes bandas de los últimos cuarenta años!!! Y antes de que terminase, ya con la última o penúltima canción, con unos adornos florales que Missy, enseñó cómo hacer a Mario y a Eva y con mucho pesar de nuestros corazones por las cosas buenas que se terminan, volvimos a tomar el barco destino a San Adrián, especulando en silencio sobre sorpresas deseables para el año que viene.

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