Apple rabbits – Oberkampf EP

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Ya habíamos hablado de Apple rabbits en El Jardín de Octopus, con motivo de la edición de “Kilburn state”. Años después, volvemos a disfrutar con nueva música de Jay Fisher, este “Oberkampf EP” en el que profundiza aún más en esa melancolía extrema que nos ofrece su música.

“Oberkampf EP” está construido a partir de la mezcla de sonidos clásicos con, por un lado, viejos aparatos electrónicos, que dan un aspecto fantasmal al sonido del disco, y por otro lado, con una voz tratada especialmente como un instrumento más, arreglada y modificada para que, en definitiva, la herida que nos produce duela un poco más.

Si bien el disco va un poco de más a menos (la inicial “Oberkampf” es una maravilla), merece la pena emprender el viaje que Jay Fisher nos propone a las catacumbas de la tristeza sonora. El disco se acaba de editar vía Rough Trade.

Parade – Demasiado humano

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No me duelen prendas en admitir que me había desenganchado mucho de Parade; los discos de la época Jabalina no me llegaban a llenar, y de manera justa o injusta, según se mire, buscaba en ellos la maravillosa magia que desbordaba “Inteligencia artificial” o “Consecuencias de un mal uso de la electricidad”, sin encontrarla más que en pequeños destellos. Supongo que yo seguía buscando a una divinidad, mientras el músico se iba haciendo demasiado humano.

Así las cosas, imagínense ustedes mi gozo y alborozo cuando, al escuchar este “Demasiado humano”, volví a enamorarme de las canciones de Parade. Apoyado en una elegantísima electrónica, y recubierto por una capa brillante de azulejos lacasazulados, el nuevo material de Parade magnetiza de nuevo los corazones y electrifica otra vez las almas. Desde la vitalista “Traedme la cabeza de Phillip K. Dick” hasta la verbena de “El ritmo escarlata”, pasando por el maravilloso estribillo de “Cementerio nuclear en la pequeña ciudad” o la épica de “Novia del motorista fantasma”, todas las canciones cumplen su cometido: arropar a tres nuevos clásicos inolvidables del músico murciano.

Porque, desde ya, eso es lo que son “Laser” (quizá la reacción inevitable a la acción de “No más rocanrol”), “Johnny Ramone, agente de la KGB” (quizá la inesperada continuacion paranoide de “El informe”) y, sobre todo, “Demasiado humano”, una de las letras más hermosas que ha escrito y, quizá, la consecuencia lógica de la llegada a la madurez del ejército de robots que Antonio ha ido montando a lo largo de los años. Tres clásicos infalibles, inexplicables, imborrables.

De compras (vol.1)

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Hace unos meses me llegó, de alguna manera, un aviso de que Acuarela iba a editar nuevo material de Hood. Más o menos por las mismas fechas se hablaba en alguna web de un nuevo disco de Bitter springs. Así que me puse a buscar para hacer una nueva compra.

Aunque el disco de Bitter springs no salió en Acuarela, y aunque lo de Hood no era realmente nuevo material sino algunas canciones recuperadas, que iban a editarse hace años pero que por circunstancias no llegaron a salir, pillé finalmente el single de Hood y aproveché para comprar un disco que no tenía en formato físico: “Mi fracaso personal” de Astrud.

El disco de Hood. “British radars”, contiene 6 canciones que me recordaron el inmenso nivel que tenía la banda en 1993 o 1994, cuando se grabaron. Contiene además una divertida carta en la que Hood explican qué es lo que pudo pasar con estas canciones.

“Mi fracaso personal” fue una de esas cintas que nunca salían del coche, que nos acompañaban en cada desplazamiento a conciertos, festivales y movidas varias. Es un disco que no pierde ni un ápice de su fuerza con el paso de los años y que aún me emociona cantar, más de quince años después de su salida. Ese disco merecía estar en nuestras estanterías.

Madrid PopFest

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Este año tuvimos la oportunidad de vivir una nueva aventura Octopus con nuestros peques. Si bien es cierto que nos habían acompañado ya en algunos festivales (dos veces al Sinsal y una vez, al menos la mayor, al Vigotransforma), habían sido festivales de día y a cielo abierto. Este año, cuando supimos que en la organización del Madrid Popfest se habían involucrado algunos amigos nuestros, decidimos proponer a los peques la posibilidad de un viaje relámpago a Madrid (ciudad que no conocían), disfrutando a la vez de un festival con el mágico aliciente de poder ver en directo a Parade, uno de sus grupos favoritos.

La propuesta fue acogida fenomenalmente por toda la familia, así que nos pudimos manos a la obra. Y a la hora de comer del viernes 11 de marzo, toda la familia Octopus estábamos en Madrid, comiendo unos tacos en el barrio de Tetuán, y preparándonos para un fin de semana de vértigo.

La tarde la dedicamos a conocer los sitios que todo turista en Madrid debe ver: la puerta de Alcalá, la Cibeles, el Paseo del Prado, la Gran Vía, la Plaza de España, el templo de Debot, la Plaza Mayor, el Mercado de San Miguel, la Puerta del Sol… una inmensa pateada que los niños completaron como campeones, acabando en un estado mucho mejor que el nuestro. Llegada ya la hora de los primeros conciertos, la familia se retiró al hotel mientras yo hacía de avanzadilla y me acercaba a la sala Taboo a disfrutar del primer día de conciertos.

No llegué a ver a Los animalitos del bosque, pero una jovencísima reportera me dijo que estuvieron muy divertidos. Hazte lapón no me llegaron a enganchar, Horsebeach estuvieron fantásticos, pero mi sorpresa llegaba al ver a Sierra. Hacía mucho tiempo que no recibía un shock tan imponente de un grupo al que nunca había escuchado. Con la rabia y la insolencia de unos primigenios Ilegales, ofrecieron 40 minutos de punk estratosférico. La noche se cerraba con Colour me wednesday, que también estuvieron enormes, con una energía y una simpatía que contagiaron al público.

Al día siguiente nos acercamos al Retiro, para que los niños lo conocieran y además para encontrarnos con algunos familiares nuestros que por casualidad estaban en Madrid. Tras pasear por el parque, hacernos fotos, ver famosos y hasta hacer la pijada de navegar en barca, corrimos a la sesión vermú del festival, sin fortuna porque cuando llegamos el aforo estaba completo y no pudimos entrar. Mientras comíamos en un magnífico italiano de la zona, nos iban llegando noticias del momento histórico que Francisco Nixon estaba dejando en el interior de El chico feo: una comunión especial con el público que hizo de esa sesión uno de los momentos del festival para casi todo el mundo. Algo a mejorar: que no haya problemas de cupos y que no pueda haber gente que se pierda ese tipo de cosas.

La tarde fue para ver el Reina Sofía: los niños querían ver el Guernika de verdad. Y aunque el peque acabó bastante cansado al acabar la tarde nos fuimos a los conciertos que nos quedaban por delante. Puzzles y dragones no nos gustaron demasiado, Jessica & the fletchers estuvieron muy bien y Brideshead lo intentaron pero se encontraron con algún intangible que les impidió conectar. Quizá mis expectativas con Red sleeping beauty eran tan altas que me acabaron desilusionando, y aunque hubo momentos de gran belleza no me acabaron de enganchar y pasé el rato hablando con amigos, comprando camisetas para los niños y haciendo el tonto.

Y finalmente llegó el momento más esperado: Parade. La familia Octopus nos apostamos contra la barandilla justo al lado del teclista, y pegamos un brinco de felicidad: “Primer contacto” era la primera canción que iba a sonar. Aunque parezca imposible, nosotros (los Octopus mayores) no habíamos visto nunca a Parade en concierto, y los peques lógicamente tampoco, así que casi parecía dedicado a nosotros: era efectivamente nuestro primer contacto con el genio. Posteriormente fueron cayendo un montón de hits salpicados con las canciones del nuevo disco, algunas de ellas a la misma altura que los grandes éxitos, como “Demasiado humano” o “Láser”. Parece mentira que después de tantos años aún se pudiera conseguir una comunión con el público tan fuerte como la que se dio esa noche; el momento culminante fue “Metaluna”, mientras la escuchaba y todos la cantábamos a voz en grito, me preguntaba cuantos momentos de felicidad había provocado aquella canción en las calles del barrio en el que estábamos. “Níquel cromo” fue otro gran momento, con Antonio arengando a las masas (a su manera).

En fin, una maravillosa aventura, mezclando turismo, amigos y música; una nueva colección de recuerdos que ocuparán su sitio en los recuerdos de la familia. Un festival diferente con una propuesta diferente, que acabó con un sobresaliente y en el que (al menos de puertas afuera) todo salió a pedir de boca. Tanto es así que los pequeños Octopus quieren repetir el año que viene.

Los mejores discos de 2015 – Primogénito López, El material

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El primer día de 2015 nos levantábamos con resaca y con una noticia: la publicación del primer largo de Primogénito López, el indescriptible grupo barcelonés que ya nos había sorprendido con su single de 2012 y que nos entregaba, de manera tan madrugadora, una nueva y más amplia colección de canciones.

No es Primogénito López un grupo fácil de digerir. Unos arreglos musicales robóticos, una voz que no canta y unas letras cercanas a los poetas callejeros y llenas de referencias locales que desconocemos. Pero sus boleros urbanos enganchan, y de manera brutal. Dijimos en su momento que Almodóvar debería elegirlos como banda sonora de su próxima película; ahora pensamos que todo el cine español podría nutrirse de las canciones de los de Sant Feliu de Llobregat. Pasa el disco y cada vez nos maravillamos más: “Sala Iberia”, “Einheit spanischer freiwilliger”, “El mestral”, “Desórdenes”, “El material”, “Teniente Alcaide”, “La tramontana”… Póntelas, apréndelas, cántalas, trágalas, digiérelas, escúpelas. No encontrarás nada mejor.

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