Conocemos los hechos
Conocemos los hechos: 1) Death cab for Cutie nos gustan. 2) DCFC salieron en el Octopus que me estoy releyendo. 3) DCFC dieron un conciertazo en Benicassim 2000, justo antes de explotar. 4) Y sí, The Postal Service son posteriores.
Y votamos que SI: DCFC se convirtió desde las primeras escuchas en uno de nuestros grupos de cabecera, aunque no entendamos ni papa de lo que cantan (¿quién pilla a la primera el “Synapse to synapse” del estribillo del “Company calls”?).
Beef
Recuperar viejos discos siempre es una gozada, pero si estos son de aquellos que en tu adolescencia ponías una y otra vez, pues sienta aún mejor.
Releyendo las versiones en papel de El Jardín de Octopus me encontré con una entrevista que le hicimos a Beef, y pensé inmediatamente en recuperar el “Tongues”, uno de los mejores discos nacionales de los 90 y el culpable (bueno, exactamente la culpable es la canción “Pristeen take two”, que lo abre) de que haya seguido la trayectoria de este grupo de principio a fin.
The folk implosion
No me pidais, por favor, que sea objetivo con este grupo. No lo puedo ser. Ni con ningún proyecto en el que participe Lou Barlow. No lo puedo ser. Y tampoco aunque este grupo no sea solo Barlow y esté acompañado de John Davis.
Lo que me hacen sentir las canciones de este tipo es indescriptible, es básico, es primitivo, está dentro de la sangre, del corazón y del estómago. Su disco imprescindible es “Dare to be surprised” (lo siento, pero la página oficial del grupo no ha renovado el dominio y solo hay este enlace). En él se encuentra todo lo que The folk implosion es: ritmo, emoción, pureza y sentido del humor. Escuchad maravillas como “Pole position”, “Insinuation”, o las complementarias “Burning paper” y “(blank paper)”. Y luego hablamos.
Sus otros discos no llegan a ser tan tan buenos, pero desde sus primeros intentos (muy en el terreno de ralladas estilo Sebadoh o Sentridoh) hasta su casi póstumo “The new folk implosion” hay maravillas: en “One part lullaby”, su punto más cercano al éxito, publicado por un subsello de Universal, tenemos la propia “One part lullaby”, su casi-hit “Free to go”, “Mechanical man”; en “The new folk implosion”, destaca sobre todo “Fuse”.
Aparentemente ya no va a haber más discos como The folk implosion, al romperse la relación laboral (je je) con John Davis; ahora Lou está ocupado con la reunión de Dinosaur Jr. y con sus discos en solitario. Pero nunca se sabe, y dará igual: con o sin Davis, “friend Lou” siempre hará hermosísimas canciones.
Blur vs Oasis
El Jardín de Octopus edición papel vivió desde dentro los años de la polémica entre Blur y Oasis, dicotomía que los gurús indies de la época (especialmente el Wire y el NME) quisieron elevar a la misma altura que la guerra Beatles-Rolling de los 60. Uno tenía que posicionarse, y en general el indie optaba por los simpaticotes Blur mientras que el mainstream se dejaba atrapar por la imagen de malotes de los hermanos Gallagher.
Sabía que iba a encontrar muchas referencias sobre esta batalla musical que llenó páginas y páginas de revistas especializadas, pero nunca pensé que iba a encontrar una página tan recomendable y con la que esté tan de acuerdo como la de COMMONPEOPLEMUSIC.COM. Os pongo un ejemplo:
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Esto me vino a la cabeza el otro día, cuando comprando discos en la tienda estaban promocionando el último recopilatorio de Oasis. Recordando que me faltaba el “Definitely maybe”, fui a mirar y allí estaba, a 9 euros. Como ese ya empieza a ser un precio razonable para comprar un disco como este (de relleno, quiero decir), lo cogí y busqué el “Parklife”, que aún mantenía copiado desde entonces. ¡También estaba a 9 euros! Aquello era una señal, compré los dos y allá me fui a recuperar el espíritu del brit-pop, que, ciertamente, hizo muy buena cara: a mí me parecen, 10 años después, discos ENORMES.
Y para empezar…
Como decía, el Jardín de Octopus editó sus números en papel durante los años 90, unos años de explosión musical en nuestro país en los que parecía que cualquiera podía tener un grupo, un sello, una revista, un fancine o hasta un festival. Muchos de esos discos se descubren ahora como de dudosa calidad, pero algunos quedan y se reivindican. Como homenaje a aquellos años en los que nuestro fancine anduvo sus primeros pasos, y como recuerdo de todo lo bien que lo pasamos, os recomiendo este podcast de un amigo mío, con una selección que ahora mismo me hace revolverme de gusto en mi silla:
El chicomancha: aquellos maravillosos noventa, Spanish Sounds!.